La Perinola: El fuego de la crítica

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Por Álex Ramírez-Arballo
Hace unos cuantos días, el escritor peruano Mario Vargas Llosa realizó unas declaraciones que no cayeron bien entre algunas personas, seguidores todos de Andrés Manuel López Obrador, candidato a la presidencia de México. En dichas declaraciones, el escritor advierte del gran peligro que enfrenta el país de ser gobernado por una persona que a su juicio encarna lo peor de la tradición política latinoamericana, es decir, el populismo, el caudillismo, el estatismo, entre otras lacras. Muy convenientemente don Mario evita señalar quién es el menos peligroso de los candidatos que estarán presentes en la boleta electoral. Frente a este hecho yo tengo las ideas muy claras, pero no quiero abordar aquí cuál es mi opinión al respecto, sino hacer unos cuantos apuntes sobre el debate que las reacciones a esta declaración — más que la declaración misma — han suscitado.

Quiero centrarme en el caso concreto de Carmen Bojórquez, quien según los medios de comunicación se desempeña como investigadora del Colegio de Sonora; Carmen propuso quemar libros de Vargas Llosa para, según ella, protestar contra la opinión del escritor. Resulta claro que la investigadora se toma el asunto de un modo muy personal.




No creo que los libros deban quemarse. Los libros deben leerse, a conciencia, para comprender a cabalidad lo que dicen y después, si es que repudiamos lo que ahí se ha expresado, podemos y debemos echar mano de un fuego mucho más purificador que el de las llamas de una hoguera: la crítica seria, es decir, la crítica a las ideas. Me parece muy sintomático de la realidad nacional la prontitud con que la gente suele responder con virulencia ante una opinión que consideran equivocada; es como si viviéramos en un tiempo en el que los principios fundamentales de la democracia, entre ellos el del diálogo y la disposición de entendimiento y comprensión mutuos, no tuvieran ningún valor; esto es profundamente peligroso porque solamente la vía democrática y libre nos salvará del ascenso del totalitarismo y el maniqueísmo, que termina por volver a hermanos contra hermanos hasta que no quede piedra sobre piedra. Hay algunas personas ahí afuera, por increíble que parezca, que abrazan la loca idea de la tabula rasa.




A los libros les debo mucho y no veo mi vida sino ligada a ellos. He llegado a un momento en el que perfectamente sé que todo lo que haré hasta el día de mi muerte será trabajar con libros, es decir, con ideas; por eso es que me siento interpelado por quienes lejos de expresar con inteligencia y sensibilidad sus desacuerdos, pretenden organizar autos de fe en el que los herejes paguen la osadía de pensar diferente. Ante las discrepancias, no nos convirtamos en inquisidores, porque nadie posee la verdad entera; es preciso hacer un ejercicio de honestidad intelectual que me ha ayudado a superar mis propios arrebatos de vehemencia: escribir en un papel mis errores y los aciertos de aquel que más me exaspera. La crítica, no lo olvidemos, se dirige a todo y a todos, comenzando siempre con nosotros mismos.




 

Álex Ramírez-Arballo. Doctor en literaturas hispánicas. Profesor de lengua y literatura en la Penn State University. Escritor, mentor y conferenciante. Amante del documental y de todas las formas de la no ficción. Blogger, vlogger y podcaster. www.alexramirezblog.com


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