Imágenes urbanas: El colado

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Por José Luis Barragán Martínez
José Luis Barragán
Aquel domingo, a temprana hora, la calle aquella se despertó por el trajín de varios hombres que se aprestaban a echar el colado de una casa en la periferia norte de la ciudad.

Unos preparaban la mezcla, otros los botes, uno más hacía las últimas mediciones de la tarima, Lamberto rellenaba con cartón mojado los huecos, que las mangueras para los cables de la luz quedaran bien colocadas.

Mientras tanto, la mujer de la futura casa discutía con su esposo:

“¡Cuántas borracheras han costado estos cuartos: borrachera cuando echaste el cimiento, borrachera cuando la cadena por eso quedó toda chueca, borrachera cada cinco o seis hileras de ladrillos que pegabas, borrachera cuando la trabe y borrachera cuando la cimbre, estoy seguro que si hubieras pagado por que alguien hiciera los cuartos hubieran salido más baratos y bien hechos, esta casa hasta se me figura que se va a caer!”




“¡Ya vas a empezar con tus berrinches mujer, a ti de plano no se te da gusto con nada y vale más que vayas sabiendo que también ahora nos vamos a tomar una ‘caguas’ pa’ la calor, o qué de plano pura amargura, hay que disfrutar el momento, total, nos vamos a morir y no nos vamos a llevar nada, hay que ser positivos, qué te cuesta!”

“¡Y luego mira quien va llegando, ‘El Colado’, qué no le dará vergüenza que lo apoden así porque siempre anda de colado en los colados y no se acomide en nada, y ya te dije que las últimas veces que ha venido me hace señas, me cierra el ojo y cuando saluda me agarra la mano de más!”

“¡Ve nada más las cosas que eres capaz de inventar para alejarme de mis cuates, le dicen ‘Él Colado’ porque coló tanto que hasta se enfermó de la ´chompeta’ y todo por ayudar a los vecinos de la colonia a que tuvieran su casa, les ayudó y sin cobrar y si ya no trabaja es porque le hace daño pero todos lo queremos y respetamos, no lo dudes y algún día hasta se le pone su nombre a una calle porque cuando pudo ayudó y ahora está muerto en vida!”




“¡Qué muerto en vida ni qué nada, es listo que es otra cosa y luego le echa mucho a las mujeres, nada más empieza a cantar y sí, empieza muy bien pero al último, a mí no me gusta que le tiren a las mujeres, no me gusta y no me gusta!”.

“¡No te ahogues en un vaso de agua mujer, si no te viene el saco no te lo pongas y deja trabajar agusto, tú no te metas, si quieres mejor vete con tu madre, además, tú sabes que al ‘Colado’ le fue mal con las mujeres y hay que respetar sus sentimientos, a lo mejor a nosotros nos sirve para que no nos pase lo mismo!”.

“¡Es capaz que me roban lo poco que tengo para comprar caguamas, aquí estoy y aquí me quedaré y si ‘El Colado’ empieza con sus cosas lo voy a correr!”.




Los botes de mezcla empezaron a subir mientras “El Colado” le rascaba a la guitarra debajo de un árbol de fuego, al tiempo que se tomaba los primeros tragos del líquido ambarino:

“Anoche soñé contigo, anoche dormí feliz, soñaba que me besabas, ay qué feliz me sentí. La noche se me hizo corta, el sol pronto apareció, y aquel besito de anoche, solo el recuerdo quedó”.

“¡Míralo, ya empezó, muy enamorado y termina atizándole a las mujeres, eso no me gusta, no me gusta y no me gusta!”.

A las cuatro de la tarde el aroma de la carne asada lo inundaba todo mientras los albañiles miraban con orgullo su obra terminada, las caguamas también se habían acabado pero el Pancho dio la gran sorpresa cuando llegó en un taxi con dos cajas de las mismas, la algarabía no tuvo límites mientras la doña miraba molesta al “Colado”, cuyos ánimos se empezaban a atemperar:

Si no me quieres te mato, y yo me meto también, y nuestro amor desbarato, con un balazo en la cien. Te me metiste en el alma, como una daga mortal, sabes que te quiero tanto, que ya no aguanto tanto penar”.




La discusión empezó al oscurecer y fue entonces que la doña corrió al “Colado” quien fue y se metió a los cuartos recién colados, tropezándose con los postes que servían de base, escuchándose de inmediato aquel ruido estruendoso por todo el barrio: El techo de la esperanza se había venido abajo.

“¡Ya se mató ‘El Colado’, ya se mató ‘El Colado’, búsquenlo a ver dónde está!” fue el griterío general.

Buscaron aquí y allá pero nada, todos andaban desesperados, hasta una ambulancia mandaron pedir, de pronto, entre los escombros de un rincón, se dejó escuchar la canción aquella: “En medio de un hormiguero, te voy a dejar sentada, a ver qué carita pones, cuando estés bien picoteada. Me hiciste llorar, me hiciste sufrir, piquetes de hormiga tendrás que sentir”.




*Por José Luis Barragán Martínez, colaborador


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