La Perinola: El internet y sus demonios

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Por Álex Ramírez-Arballo
El internet es simplemente una maravilla. Nos hemos habituado tanto a él que nos hemos olvidado de que hace muy poco tiempo no existía. Yo, por ejemplo, pertenezco a la última generación de personas que tuvieron que arreglárselas sin esta prodigiosa herramienta de comunicación y expresión, de diseminación de cultura en su sentido más amplio; hoy prácticamente no hay área de nuestra vida que no se haya potenciado gracias al desarrollo de esta tecnología de información y comunicación: debemos sentirnos profundamente privilegiados de haber coincidido en el tiempo con este enorme avance tecnológico. Pero no todo es miel sobre hojuelas; como sucede con prácticamente todo en esta vida, a las luces se le aparejaron inmediatamente algunas sombras.

Las posibilidades de internet muy pronto encontraron obstáculos que las distorsionaron o envilecieron. Lo evidente es la actividad criminal directa que se realiza a través de ella, como la pornografía infantil, la compra-venta de objetos y sustancias ilícitas, la trata de personas y una larguísima lista de posibilidades delictivas. Las policías de los países, sobre todo aquellos económicamente desarrollados, tuvieron que idear nuevos métodos de investigación que permitieran la persecución y captura de los novísimos ciberdelincuentes; lamentablemente la tarea es demasiado grande para los recursos con los que incluso los países ricos cuentan.




Sin embargo, creo que los peligros más grandes de internet son un poco más sutiles y tienen que ver con nuestra percepción de la realidad. Lo explico: el internet es una esfera semiótica, es decir, un mundo con sus propias reglas de construcción, transmisión y consumo de significados. El internet no es la realidad, pero la construye. Gracias a la distribución sistemática de mensajes codificados ex profeso, amplios sectores de la población mundial se ven irradiados por campañas de propaganda que tienen como objetivo generar tendencias de opinión en uno o en otro sentido; la verdad es que esto no es nuevo, ha existido desde que el mundo es mundo, pero lo cierto es que nunca antes había contado con un altavoz global y omnipresente como sin duda alguna es la red de redes.

Es increíble la facilidad con que el internet difunde noticias falsas, distorsiones groseras de la historia, conspiraciones paranoicas y toda clase de absurdidades.

Se difunden rápidamente porque hay enormes segmentos de la población que los consumen acríticamente; esta gente carece de los filtros interpretativos mínimos y suelen dar por cierto y efectivo todo aquello que se ajuste a sus propios prejuicios; por otro lado, le otorga la condición de bulo o hoax a todo lo que contravenga esos principios rudimentarios que tan fieramente defiende. Esto es muy serio y coloca nuestra civilización en una encrucijada histórica; lo que la ilustración y su brazo civilizatorio, la razón, construyeron durante siglos puede venirse al suelo en unas cuantas décadas. El internet requiere un nuevo proceso de alfabetización masivo. Los educadores tenemos este altísimo deber y debemos hacerlo por razones más éticas que intelectuales.

Recordemos, por favor, esto: solo a los criminales, a los manipuladores, a los tiranos y a los propagandistas profesionales les conviene que creamos que la verdad no existe. Quieren hacerse del mundo a través de una estrategia muy antigua y muy efectiva: el aturdimiento.




 

Álex Ramírez-Arballo. Doctor en literaturas hispánicas. Profesor de lengua y literatura en la Penn State University. Escritor, mentor y conferenciante. Amante del documental y de todas las formas de la no ficción. Blogger, vlogger y podcaster. www.alexramirezblog.com


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