La Perinola: Las malditas elecciones

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Por Álex Ramírez-Arballo
Comienza este año 2018 con la amenaza de las campañas políticas inminentes. Es preciso prepararse mentalmente para soportar la omnipresencia de los candidatos y su mercadería de promesas absurdas. Estarán por todas partes y su discurso vacío, moldeado por los ingenieros de la propaganda, nos hará sentir una mezcla de vértigo y náusea; es en vano protestar, el sistema en el que vivimos –especialmente en México- ha sido diseñado para que el estamento político tenga siempre, y pase lo que pase, el sartén por el mango.

El juego del poder político descansa en gran medida en la demagogia y la manipulación. El político profesional está entrenado para mentir impunemente. No es una persona sino un personaje: vive de repetirse constantemente, sin pensar o sentir, sin cuestionarse a sí mismo y sin más objetivo que el uso y el abuso del poder público. Juegan en otra liga, una en la que tú y yo, que somos hombres y mujeres que debemos levantarnos temprano para salir a trabajar todos los días, no cabemos.




Las elecciones llegan con puntualidad porque son un negocio redondo. Nosotros no somos sino la comparsa, los avales de un torneo de oficinas en pugna: después de que el votante deja su boleta marcada en una urna es conducido tras bambalinas, donde habrá de permanecer hasta que su presencia vuelva a ser necesaria en el escenario, aunque solo sea por unos cuantos segundos. Luego, de nuevo, la patada en el trasero y la vuelta a esa cotidianidad donde las quejas nunca se escuchan; las demandas son desestimadas y estigmatizadas; los problemas son perpetuados por la ineptitud y la corrupción de los canallas y, esto es lo más trágico, donde el futuro de los inocentes es devorado por el cinismo.

El ciclo electoral nos muestra lo peor de una democracia representativa (intrínsecamente siniestra), el hedor de sus cadáveres y la perversa eficacia de sus formas. Es de tal grado el mal que encarnan los partidos políticos que precisan del teatrillo envilecido de sus slogans mentirosos, sus dádivas y el incesante lucro de la miseria popular.




En fin, no descubro nada nuevo, no desenmascaro aquí nada. Simplemente alzo la mano y señalo, aunque solo sea por no dejar, la tragedia de tener que convivir necesariamente con esta clase de gente. Tengo que decir, parafraseando a los personalistas, que no hay democracia luminosa y auténtica donde no se coloque en el centro de la sociedad a la persona; no hablo de una ideología o abstracción, hablo de alguien como tú y como yo, alguien con nombre y apellido, con sueños y dolores, con pasiones y alegrías. Así de sencillo y, por lo visto, así de imposible.

Es un sueño, lo sé bien, pero es el más hermoso de todos.




 

Álex Ramírez-Arballo. Doctor en literaturas hispánicas. Profesor de lengua y literatura en la Penn State University. Escritor, mentor y conferenciante. Amante del documental y de todas las formas de la no ficción. Blogger, vlogger y podcaster. www.alexramirezblog.com


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