Ludibria: Atentado celeste, de Alejandro Campos Oliver

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Por Ramón I. Martínez
Ramón I. Martínez. La ChicharraExisten autores precoces, para bien o para mal. Y Alejandro Campos Oliver (Cuernavaca, Morelos, 1983) es un ejemplo de ello. Este 12 de noviembre cumple 34 años y su primer poemario, Oraciones temblorosas apareció hace ya doce años, cuando el autor tenía a lo sumo 22 años. El volumen que hoy nos ocupa Atentado celeste (Gobierno del estado de San Luis Potosí, 2017) nos ofrece una panorámica de la aún joven trayectoria poética del autor.

Además de la citada obra inaugural, integran el tomo Ciudad insomne (2005), Tiempo azul (2006), Melancolía del olvido (2009), Sombra (2010) y Árboles de piedra (Inédito hasta el momento). Es de extrañarse la ausencia del poemario Desde el camellón del viejo puente (2014), su libro más célebre hasta el momento.




La presente antología es una visión a vuelo de pájaro de las diversas etapas del desarrollo de un joven bardo que se ha forjado en una docena de talleres literarios en la ciudad de México, donde radica y en Cuautla, donde inició su periplo.

Nos dice Ricardo Venegas en su “Acotación introductoria”:

“Javier Sicilia cree que justo en el primer poemario el aprendiz de poeta mostrará sus temas y obsesiones futuras, desde Oraciones temblorosas (2005) Alejandro ha sido fiel a sus temas, cada poemario de Álex muestra sus trayectos formativos, un ejercicio personalísimo por abrevar y decantar la ruta crítica de lectura que se ha propiciado”

Incansable autodidacta, editor de más de una centena de libros de escritores contemporáneos, autor de una veintena de libros (parte de su trabajo traducido a seis idiomas), un apasionado catedrático, gestor cultural, infatigable tallerista y terapeuta de los sistemas más heterodoxos de medicina alternativa, pero sobre todo: un eterno estudiante que vive para leer, aprender y escribir.




Así inicia esta selección, con el poema “Cuando veinticinco”

Cuando mis poros de fuego retoñen huracanes
y hagan que la pasión se convierta
remolino entre tus piernas
y estalle tu corazón
cuando veinticinco otoños rebase
(según los designios de tu luna)
no temas
que la magia de tu encanto
perdurará intacto para mí
hasta siempre.
Serán tu espectro presente
nunca tumba,
siempre brillo de mar.

Y los dos seremos primavera,
aves en las alturas del mundo.

Y me verás crecer,
volverme águila,
música,
lluvia.

Hay que reconocer que para ser el poema de un primerizo, demuestra ya talento y dominio. Ese talento y dominio fructificará en una constante búsqueda formal que ya ha dado sus frutos. Como diría Alonso



*Ramón I. Martínez (Hermosillo, 1971) Maestro en Letras Mexicanas por la UNAM, profesor a nivel bachillerato en el Distrito Federal. Ha publicado Cuerpo breve (IPN-Fundación RAF, 2009). Cursa el doctorado en Humanidades en la UAM-Iztapalapa.


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