La Perinola: Pensamiento y acción

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Por Álex Ramírez-Arballo
Ayer hablaba con mi hija. Me estaba contando algo que había aprendido en la escuela, algo que tenía que ver con las profesiones de la gente común y corriente. Entonces me habló de las herramientas; en un momento se detuvo y me preguntó a bocajarro: “Papá, ¿tú qué herramientas utilizas para trabajar?” La verdad me pareció una pregunta genuina e interesante, por eso me quedé pensando unos segundos, entonces creí haber dado con la respuesta correcta: “Las palabras, uso las palabras”. Mi hija dio por buena aquella respuesta y siguió en lo suyo, dialogando con sus muñecas. Yo, que estaba prendido con aquello, seguí dialogando conmigo mismo.

Es que las palabras no solo son una herramienta que utilizamos sino me atrevo a decir que las palabras son la herramienta más importante de todas. Gracias a las palabras es que somos capaces de pensar, es decir, de idear y de buscar una manera en la que ese pensamiento, que es originalmente un impulso, se organice de tal modo que resulte comprensible y comunicable. Es esta la semilla de toda acción. Por eso digo que sembrar buenos pensamientos es asegurar mejores actos; no existe una brecha entre el pensamiento y el acto sino todo lo contrario: la continuidad entre lo que pensamos, decimos y hacemos es absoluta. Me atrevo a decir incluso que ahí donde hay una correspondencia entre las palabras y las acciones, ahí existe también una vida en equilibrio, con sentido y con plenitud existencial.




Hoy que vivimos tiempos en los que un pragmatismo rampante parece impulsarnos a una vida que sea un puro hacer constante sin que medie reflexión ninguna, se vuelve imperativo hacer de las palabras la sustancia misma de nuestra propia humanidad. José Emilio Pacheco, el gran escritor mexicano, insistía en que expandir nuestro lenguaje era al mismo tiempo darle alas a nuestra capacidad de pensamiento y por tanto, agrego yo, de actuar con prudencia.

Todos podemos cultivar el jardín de las palabras. Día con día podemos hacernos conscientes de las cosas que decimos y de cómo las decimos; piensa que si no leemos, si no accedemos a información de mayor calidad expresiva, estamos condenados a repetirnos siempre, a no crecer intelectualmente y vivir a ras de suelo. Leer es el ejercicio que robustece nuestras ideas, pero no es el único: conversar y ejercer en público el uso de la palabra son sin duda alguna grandes oportunidades de trabajar nuestro intelecto.

En fin, el tema es vasto y no puedo prolongarme más. Me basta dejar aquí este tópico en la mesa para que alguien lo tome y lo haga suyo: no exagero si digo que las palabras me han dado todo lo que tengo y me han llevado a lugares y situaciones que jamás hubiera imaginado siendo un niño. A mí me gusta decir que quien cuida sus palabras cuida su espíritu; no sé qué pienses tú, pero me parece que no hay labor más urgente y más hermosa que esta.




 

Álex Ramírez-Arballo. Doctor en literaturas hispánicas. Profesor de lengua y literatura en la Penn State University. Escritor, mentor y conferenciante. Amante del documental y de todas las formas de la no ficción. Blogger, vlogger y podcaster. www.alexramirezblog.com


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