Basura celeste: La Glantz de antes y la de hoy

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Por Ricardo Solís
Hace unas semanas, la escritora Margo Glantz (CDMX, 1930) recibió el Premio Alfonso Reyes y, más allá de celebrar su obra completa o enaltecer su incuestionable legado, la alegre ocasión da pie a recordar que dos años atrás se editó de nueva cuenta La cabellera andante (Alfaguara, 2015), un libro que, publicado originalmente en 1984, técnicamente es una compilación de textos periodísticos pero que, con el paso del tiempo, se convirtió en algo semejante a un “clásico secreto” para quienes gustan de leer ensayos.

Por supuesto, hace más de tres décadas, este volumen llevaba el nombre de De la amorosa inclinación a enredarse en cabellos, y entonces fue “notado” ni más ni menos que por Carlos Monsiváis, quien calificó a su autora como “erudita, gozosa, amena, insistente y tangencial”; con todo, los años probarían la capacidad de influencia de esa breve edición, para lo cual bastaría con acercarse a Historia descabellada de la peluca (Anagrama, 2014), de Luigi Amara.




Ahora bien, esta renovada publicación no solamente contiene aquellos breves escritos que la escritora publicó por entregas (entre 1977 y 1979) en la célebre primera versión del periódico Unomásuno, otros tantos en la revista venezolana Zona Franca (de septiembre-noviembre de 1979) y dos apartados con una selección de citas librescas o de la tradición popular, a lo que se suman ahora tres textos que han abordado la publicación original, el ya referido de Carlos Monsiváis pero, también, uno de Jean Franco y otro de la narradora chilena Diamela Eltit.

Ya en una entrevista la propia Glantz apuntó que su libro –al que describe como “un simple guardapelo”– tuvo una complicada recepción pues, dado que la mayoría de los lectores colocamos los textos en contextos determinados para favorecer su comprensión, los que integran La cabellera andante no se circunscriben a un género específico y su cualidad primaria es la intertextualidad y la fragmentación, lo que hace posible “abrir” el abanico de posibilidades interpretativas y de disfrute (porque, por supuesto, el humor juega un rol fundamental en el entramado juguetón de estas reflexiones en torno al cabello, “una excrecencia del cuerpo humano que ha significado a la vez resurrección y muerte, erotismo y represión”, en palabras de la autora).

Quizá es esa cualidad de aparente disparate lo que ha convertido a este libro en una especie de raro amuleto para autores cuarentones y menores; asimismo, en abono a su lenguaje que explora sin sumergirse demasiado, el volumen se acompaña de las ilustraciones que presentaba el original, lo que hace aún más disfrutable la experiencia de lectura.

Finalmente, más allá de una curiosidad en cuanto a referentes de la cultura clásica o popular, este pequeño libro de Glantz “revive” en una muy cómoda y decente edición, algo que debe agradecerse y que, de igual manera, nos permitirá acercarnos a una versión mucho menos estática de la prosa de esta escritora mexicana, cuyo prestigio actual representa un ejemplo de trabajo comprometido, virtudes estilísticas y persistencia en un campo profesional que parece comenzar a brindar un mejor lugar a sus voces femeninas. Ojalá.




 

Ricardo Solís (Navojoa, Sonora, 1970). Realizó estudios de Derecho y Literaturas Hispánicas en la Universidad de Sonora. Ha colaborado en distintos medios locales y nacionales. Ganador de diferentes premios nacionales de poesía y autor de algunos poemarios. Fue reportero de la sección Cultura para La Jornada Jalisco y El Informador. Actualmente trabaja para el gobierno municipal de Zapopan.


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