La Perinola: Abramos los ojos, esto no es normal

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Por Álex Ramírez-Arballo
Hay un concepto bastante popular en el mundo de la empresa y que creo nos dice mucho de lo que somos como personas; me refiero a la “ceguera de taller”, que no es otra cosa que la invisibilidad que adquiere lo cotidiano. Me explico: cuando algo sucede en nuestra casa, digamos que se rompe una silla o se descompone algún aparato electrónico, nos sentimos acongojados por el estropicio, pero cuando pasa el tiempo y si no reparamos inmediatamente aquella avería, dejamos de percibir el desperfecto, lo asimilamos y seguimos con nuestra vida como si nada pasara.

Siempre que veo lo que sucede en nuestras sociedades — y al decir esto pienso particularmente en México — me viene a la mente este concepto tan preciso. Para seguir con nuestra vida con el menor sufrimiento posible, asumimos las desviaciones de nuestra comunidad y las malas prácticas de los líderes políticos como parte natural de nuestro entorno; es un “asunto cultural”, se dice de la corrupción, como si esta absurdidad nos absolviera a todos, y a otra cosa mariposa; esto es mentira, a los únicos que les conviene que sigamos ciegos es a quienes se benefician crematísticamente de las groseras manipulaciones y violaciones de la ley.




Esto no es normal. Vivimos en una tierra enferma, retorcida y sacudida hasta la médula por la mezquindad de algunos y la indiferencia de casi todos; es como si una asquerosa epidemia de resignación nos llenara de humo los ojos y nos impidiera ver la incapacidad y la perversión de quienes desde su posición de poder público lucran inescrupulosamente con los privilegios de su cargo.

No es normal tampoco la normalización de la violencia, el desaliento escéptico y el cinismo que han contaminado amplios sectores de la población; esto es particularmente triste porque la apatía de la gente del pueblo es sinónimo de impunidad entre la clase política y, sobre todo, de un futuro peligrosamente comprometido para los que incluso todavía no han nacido. En el momento en que nos convencemos de que las cosas son como son y nada podemos hacer para cambiarlas, todo trabajo y todo talento personal pierde su poder. Renunciar a la transformación personal y comunitaria es traicionar nuestra condición humana, malgastar el don infinito de la vida, abandonar como cobardes un barco en el que vamos todos, todos, incluyendo nuestros hijos.

Las grandes trasformaciones son lentas y reclaman mucho esfuerzo y mucha más paciencia, pero siempre ha valido la pena comprometer en ellas todo nuestro talento. Al menos en lo que a mi corresponde, no quiero que llegue el día de mi muerte sin tener la satisfacción de haber dicho, hecho y escrito todo aquello que según mi pobre entender aporte más a la construcción de un mejor mañana. No soy demagogo y no creo tener la respuesta para todo, pero sé perfectamente bien hacia donde debemos caminar: hacia la justicia, porque ahí donde hay justicia hay paz y donde hay paz cobra sentido hasta la más débil esperanza.




 

Álex Ramírez-Arballo. Doctor en literaturas hispánicas. Profesor de lengua y literatura en la Penn State University. Escritor, mentor y conferenciante. Amante del documental y de todas las formas de la no ficción. Blogger, vlogger y podcaster. www.alexramirezblog.com


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