La Perinola: La inútil nostalgia

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Por: Álex Ramírez-Arballo
Durante años he renunciado a la nostalgia, he luchado contra sus dulces garras, me he resistido a la apacible muerte en vida de los que recuerdan un pasado que nunca existió; se trata de una enfermedad congénita: recuerdo que cuando era muy niño me sentaba a ver caer el sol porque buscaba esa emoción azucarada y blandengue de los nostálgicos. Sabía que ese día que moría ente mis ojos no volvería jamás, que el tiempo es una corriente de aguas bulliciosas que no vuelven nunca a la misteriosa fuente de la que manan. Vivir no era vivir sino morir en dosis muy precisas y ordenadas.

Descubrí muy pronto que los nostálgicos son idiotas y ese temor a la idiotez me hizo buscar con desesperación una cura contra el mal de los que solo conjugan verbos en pretérito. No es que reniegue del pasado, pero creo que hay que darle el lugar que le pertenece, que es el de un origen memorable que por regla general y contrario a lo que dicen los mentecatos ha sido necesariamente peor que el presente.

Creo que la nostalgia es una enfermedad del espíritu que afecta a la persona de muchas maneras, aunque la peor de todas consiste en la destrucción del presente, que es nuestra verdadera casa: los nostálgicos huyen hacia el pasado y con ello niegan la maravilla del día a día, el hoy, el momento actual, el prodigioso instante en el que la vida se impone a la nada pura que es la muerte.

Recuerdo vagamente un hermoso texto de Julio Torri en el que habla de la vida como un viaje en tren. Dice que vamos sentados en el último coche del convoy, viendo los paisajes que van quedando atrás y a los que nunca volveremos; esto tal vez explique que la nostalgia sea un mal que ataque con más fiereza a los viejos, por la sencilla razón de que tienen mucho terreno recorrido y hay muchas experiencias que han quedado atrás. No importa la edad: el presente es perpetuo, como bien nos lo recordara un poeta que no ha conocido la muerte: Quevedo.

Hace algunos días tuve la oportunidad de visitar las ruinas arqueológicas de Cacaxtla (Tlaxcala, México) acompañado del arqueólogo y humanista Eduardo Merlo. Comiendo con él me preguntó por Álamos, pueblo que había conocido hace muchos años por una sencilla razón: era amigo personal de María Félix, la actriz mexicana. Luego me dijo algo más: “Era una mujer muy culta, experta como muy pocos en la historia de la revolución rusa; pero tenía un problema serio, una profunda crisis existencial motivada por el paso del tiempo. Envejecer le parecía una monstruosidad”. Al parecer “La Doña” no pudo comprender jamás que la vida es pasajera, sutil y breve, como la primera flor de la primavera.

La Chicharra. María Felix

La nostalgia es una lucha en vano, una estrategia funesta, un mecanismo bobo del que echan mano los que no han abierto el corazón al aquí y al ahora, los que no tienen el coraje de enfrentarse con dignidad y alegría a la vida y la muerte, que son dos caras de una misma moneda. Se sabe.

 

Álex Ramírez-Arballo. Doctor en literaturas hispánicas. Profesor de lengua y literatura en la Penn State University. Escritor, mentor y conferenciante. Amante del documental y de todas las formas de la no ficción. Blogger, vlogger y podcaster. www.alexramirezblog.com

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