La Perinola: Estaban muy equivocados

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Por Álex Ramírez-Arballo
Entre las muchas cosas que ha dejado el terremoto en la ciudad de México se encuentra esta idea de que los jóvenes, los llamados Millennials, pues resulta que no son lo que eran. En las redes sociales se han comenzado a popularizar reflexiones de todo tipo en las que se dice, palabras más, palabras menos, que los jóvenes mexicanos no eran tan apáticos, displicentes y frívolos como cientos de memes y chistes varios insistían en demostrar que eran. Oh, sorpresa.

A mí el asunto no me sorprende lo más mínimo. Aquí, en este espacio, en infinidad de ocasiones he hablado de la falsa concepción que un gran sector de la población tienen de la juventud; en gran medida por desconocimiento y por la soberbia de los más viejos, que sienten tienen el derecho inapelable de poseer la verdad siempre. No es un asunto nuevo: los viejos de todos los tiempos han visto a las nuevas generaciones como un auténtico compendio de vicios, entre los que suele descollar, como ningún otro, la arrogancia.




En el caso de los llamados Millennials, hay que destacar algo: se trata de una etiqueta impuesta por la sociedad de consumo. Segmentar la población tiene como claro objetivo dirigir con efectividad los recursos mercadológicos para acelerar hasta el infinito el ciclo económico de la producción, distribución, consumo, descarte y de vuelta a la producción. Pero el gran dios de la glotonería consumista no contaba con algo tan simple y terrible como un desastre natural. Cuando la tragedia sobreviene, lo más importante es resolver lo inmediato, comenzando por preservar la vida propia y la de los demás, ejerciendo la solidaridad para proveer, en la medida de lo posible, algún alivio para quienes sufren. La tragedia nos recuerda lo vulnerable que somos y, en consecuencia, activa en nosotros el instinto natural de asociación y lucha comunitaria. ¿Qué sucedió el día del desastre? Que las etiquetas eran del todo inútiles y los muchachos, como seres humanos que son, se unieron a sus abuelos y a sus padres para aportar su entusiasmo y sus conocimientos (¿queda alguna duda de su utilidad?) para organizar las labores de auxilio que masivamente se expresaron desde el corazón mismo del pueblo mexicano.

A pesar de todo esto, no debemos olvidar que se trató de una reacción. Es necesario esperar para que con el paso del tiempo veamos si esta hoguera recién nacida es capaz de dar luz, calentar y, sobre todo, purificar nuestra muy corrompida realidad. Yo tengo fe.




 

Álex Ramírez-Arballo. Doctor en literaturas hispánicas. Profesor de lengua y literatura en la Penn State University. Escritor, mentor y conferenciante. Amante del documental y de todas las formas de la no ficción. Blogger, vlogger y podcaster. www.alexramirezblog.com


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