Imágenes urbanas: Los milagros de mamá

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Por José Luis Barragán Martínez
José Luis Barragán
De niño, a finales de la década de los 50 del siglo pasado, allá en mi pueblo Cuauhtémoc, Colima, hubo una época que todos los días contemplaba el rosal durante largo tiempo, no lo podía creer que de aquellas ramas verde con espinas que salían de la tierra hubieran podido salir aquellas hermosas flores rojas y pregunté a mamá cómo había sido eso, “córtale un brazo, plántalo, riégalo, cuídalo y también dará rosas”, así lo hice, y una mañana que le descubrí puntitas verdes por todos lados volví a preguntar: “mamá, ¿y las flores?”, “mijito, yo te puedo decir que las flores son un milagro, pero ya empezaste a ir a la escuela, así que vale más que le hagas esa pregunta a tu maestra”.

Por las noches sucedía algo parecido, me sentaba junto a ella en el quicio de la puerta, me gustaba que me contara cuentos, yo no sé de donde sacaba tantas historias que nunca decía que no al ruego de “cuéntame un cuento”, cuando le preguntaba qué eran las estrellas que hacían el cielo tan hermoso  me respondía: “yo te puedo decir que cada estrella es un milagro, pero ya empezaste a ir a la escuela y vale más que le hagas esa pregunta a la maestra”.




A veces mi mamá lloraba a solas, escondida en algún rinconcito de la casa, y aunque me decía que le dolía mucho la cabeza una tía me explicó: “pues llora porque tu papá se fue se fue al cielo, lo quería mucho y se siente muy sola”.

Una noche que la luna estaba en todo su esplendor, más hermosa que nunca, mi madre me preguntó si quería tenerla conmigo, “sí sí sí” le dije apresurado, “pues hay que decirle que venga”, y hasta con tonada, levantando la mano derecha, abriendo y cerrando los dedos la empezamos a llamar: “luna luna ven ven, luna luna ven ven”, pero la luna seguía allá arriba, “mamá, no viene”, y ella me dijo: “ya vino, cierra tus ojos y siéntela, está en tu corazón, allí está el milagro”.

Después descubrí que mi mamá no sabía leer ni escribir, esa fue la más grande de sus enseñanzas, la enseñanza a través del amor de sus palabras.

En 1994 mi madre murió, pero de seguro está allá arriba, donde alguna vez me dijo que se iban las almas buenas, más allá de las estrellas, más allá del cielo azul, allá donde está Dios.




*Por José Luis Barragán Martínez, colaborador


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