La Perinola: Usos y abusos de la palabra

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Por Álex Ramírez-Arballo
Una de las tantas cosas que respeto de  los Estados Unidos es la defensa radical de la libertad de expresión. Me parece absolutamente incontrovertible el hecho de que todos los seres humanos tenemos el derecho a expresarnos como deseemos sin tener que pasar por los dolorosos filtros de la censura. Es verdad, esto entraña riesgos, como el riesgo de abusar de ese derecho, pervirtiéndolo y haciéndolo instrumento de diseminación de odio; sin embargo, será siempre preferible la distorsión que se deriva del exceso de libertad a las restricciones que empequeñecen y limitan.

En lo personal, he decidido de acuerdo con mi conciencia evitar en todo momento la injuria, la palabra altisonante, la exaltación de la violencia, la humillación o la reacción virulenta ante las ofensas recibidas. Es, lo repito, una elección personal que quiere ser en todo momento testimonio de la voluntad de no añadirle más dolor a este mundo. Pero te lo digo otra vez, es una elección personal, intransferible: yo no busco ser colonizador de conciencias.

El primer custodio de la libertad de decir lo que literalmente se nos pegue la gana es el Estado que, por obvias razones, es el objetivo principal de la crítica, la sorna, la sátira y las mil formas filosas que adquiere la maledicencia popular, siempre presurosa a mordisquear a quienes, no se nos olvide, son los depositarios del poder.

De igual manera, las mujeres y los hombres del poder deben defender con absoluto compromiso todas aquellas formas de expresión -como las encarnadas en el arte-  que vayan a contrapelo de su moral particular o de la moralidad imperante.  El costo de la censura es monstruoso porque amputa las manos de la imaginación, inhibe la natural vocación humana por la exploración y el juego. El que comienza amordazando a los que abusan de su derecho a la libre expresión, más pronto que tarde termina utilizando este argumento policial para acallar las voces de sus legítimos detractores.

Los gobernantes, que no se nos olvide, son servidores públicos no inquisidores.




 

 

Álex Ramírez-Arballo. Doctor en literaturas hispánicas. Profesor de lengua y literatura en la Penn State University. Escritor, mentor y conferenciante. Amante del documental y de todas las formas de la no ficción. Blogger, vlogger y podcaster. www.alexramirezblog.com


– PUBLICIDAD –


 

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *