Mamborock: “La raíz del ángel” de Alonso Vidal

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Volver a ser niño, qué misterio, qué congoja me invade, recordarlo.

 

Por Carlos Sánchez
Alonso Vidal se nos manifiesta poeta como un padecimiento tácito. Es presa de la poesía. En La raíz del ángel (ISC-2016) esculpe verso a verso, la historia de lo que le ha tocado ser.

Desde niño. Con la metáfora irregular, con la imagen precisa. La inocencia y el descubrimiento de la vida. Los ojos que lo aprehenden todo.

Sin mucho revuelo, sin pretensiones de pirotecnia, con lenguaje límpido, las palabras exactas y necesarias, Vidal biografía su nombre. Lo hace con el sudor del deseo, porque ya después de tanto hurgar en el género, me lo confesó un día, las dudas de ser o no, poeta, le cincelaban constantemente el pensamiento.

A pasitos. Decantando una y otra vez las oraciones que emanaron desde su interior para imprimirse en la hoja, con el golpe de sus dedos encima de la máquina de escribir.

Era allí, en el patio de su casa, con el sol puesto y la melancolía de los suplementos literarios encima de su mesa como escritorio. Con los lentes a media mirada, con la grabadora reproduciendo los ecos de un casette, la voz de una rola de antaño. A veces las palabras de alguna de sus entrevistas, las que conservó hasta el último día de su vida, porque Alonso también fue un archivo viviente.

Cito estos versos: Estoy aprendiendo a soportarme, a mí mismo, a localizarme exacto en el panal, temido de la rosa.

El poeta, como un acto permanente de reflexión, sabía de sus pasos errados, la condición mezquina tan humanamente inevitable. La capacidad de señalar al otro como un flagelo a sí mismo.

Lo dice en su poema, lo reconoce, porque si bien es cierto que el poeta es referencia de la construcción de un rumbo para el periodismo cultural en nuestro estado, para los espacios donde decir la creación, las tertulias, la conversación de ida y vuelta para retroalimentar, el poeta también sufría en el cadalso que da la infancia, aquella donde se adolece la orfandad del padre que es ausencia. Y sufría en su sexagenaria edad, el impulso del blasfemo, la envestidura de juez. Decir y arrepentirse después.

Esto y otras cosas, es La raíz del ángel. Incluso el encuentro con el otro y decirlo.




En la segunda sección del poemario, Libro del Ángel que se llamó amor, el poeta tiene la habilidad de escribir la pasión, de manera cronológica reseñar el nacimiento del otro:

Un día se llamó amor, tu nombre que era otro. Sin embargo el mismo corazón, dilatándose en vivo, con la misma pulsación, de otra edad, y en otro tiempo. Hoy tienes tu nombre, y te llamas de cierto.

Aquí el vate no se guarda nada. Dice la pasión del mar y amar. La advierte de esta manera: La libertad es lo único que no perdemos. Pero a ver: ¿cómo cabrones te vas a desencarcelar de mí?

Para qué sirve entonces la poesía, si no para describir el interior, el misterio ese que todos somos y en la oralidad cotidiana nos lo callamos. De manifiesto queda que en la poesía de Vidal se ejerce la realidad que debió esconderse ante los ojos de los demás. Los versos no mienten, y lo sugieren:

Estás pan recién horneado, -azafrán rosáceo y amaranto-, en dulcedumbre candor, que arrebata los sentidos.

Y ya En poemas del amor desarraigado, ocurre la reiteración: existencia permanente del querer decirlo a través de los versos.

Un caudal de oraciones envisten estas páginas. Cito: Pueden las voces de las casas circundantes, bajar torpemente por las puertas. Ha llegado el verano y quema con sus flautas, los irremediables aguaceros. Un idioma guarecido de distancia y tantas cosas, -tuyas y mías-, en la pluralidad de sombras, crepitan, ¡qué bueno!-, para romper de una buena vez, con los efímeros relámpagos.

Parte fundamental de este poemario, La raíz… es también la parte que Alonso construye y selecciona a manera de colofón: Mater admirabilis.

María de Jesús te llamas, y a la sombra de un astro, flameas en mí para ser, de una rosa en otra rosa, espuma acariciada por mis labios.

Nunca podré olvidar el fuego que mi madre ponía en mi espíritu, sentencia Alonso Vidal.

Y me vienen  a la memoria los días de andar de la casa al hospital, el accidente aquel donde Alonso se subió al ring para enfrentar la muerte. Y a la postres, ya en rehabilitación, describir los fantasmas que significan las heridas.

Estaba su madre allí, aguardando como un ropero por el nombre de su hijo, las camisas planchadas, el recalentado para la cena, la protección maestra que le dio su vocación.

Alonso admirabilis tuvo que surgir de las cenizas para, en un acto de correspondencia, ordenar los aciertos y desaciertos de su paso por la vida. Los mismos que se reúnen en este poemario, La raíz del ángel.

 

*Texto leído en la presentación de La raíz del ángel, en Galería Bicentenario, en contexto de exposición de fotos, archivo bibliográfico y objetos de Alonso Vidal.




 

http://mamborock.mx


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