Espejo desenterrado: María, siempre María

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Por Karla Valenzuela
Yo conocí a María Félix a principios  de los 80’s, en una época en que el cine mexicano de la época de oro ocupaba un lugar importante en la programación de Televisa. Curiosamente, no fue con Tizoc que la conocí, sino con El peñón de las ánimas que por primera vez me topé a esa actriz de una voz tan inconfundible  como su temperamento. No fue hasta tiempo más tarde que supe que era sonorense y que había estado casada con una de mis más grandes celebridades: Jorge Negrete.

Luego, con el paso del tiempo, no sólo admiraría sus personajes, también se convertiría para mí en un modelo a seguir. Admiraba su fuerza, su manera categórica de hablar y de interpretar personajes femeninos cuya característica principal era ser testaruda.

Conforme pasaban los años, me di cuenta de que ella –María- era una mujer querida por muchos, odiada quizás por otra gran cantidad. No es fácil ser La Doña, ni en ese tiempo, ni todavía en éste. No es fácil ser el ícono de la belleza y, al mismo tiempo, representar atrevidamente la revolución de las féminas mexicanas a lo largo y ancho del mundo.

María hizo siempre lo que quiso y no dudo que para llegar a ese punto tuviera que trabajar arduamente, pero todo lo que planeó –creo- lo consiguió más tarde o más temprano. Hasta se dio el lujo de decirle que sí al Flaco de Oro, Agustín Lara, y casarse con él sólo para separarse una vez que él le disparó. Jamás volvió a la casa matrimonial

De vida un tanto llamativa, La Doña siempre fue polémica. Se dice que se enamoró de su hermano y que, por eso, lo mandaron al Colegio Militar.

Literalmente la casaron joven, y sufrió por amor cuando todavía era prácticamente una niña. Es más, su padre tuvo que hacerse cargo de su primer divorcio porque ella todavía no alcanzaba edad legal para hacerlo.

Su gran personaje, el que la consagró y el que imitaría todos los días de su vida fue el de Doña Bárbara.

María tenía la consigna de que hablaran de ella –bien o mal- pero que hablaran. Hoy, todavía hay quien se preocupa por lo que digan; yo sólo sigo el ejemplo de ella, porque simple y sencillamente siempre van a hablar.

Lo cierto es que era querida por escritores, pintores y grandes artistas de la época; siempre fue agua de dos mares, el turbulento y el clarito, pero creo que, al final, la vida le dio lo que merecía: ser una de las grandes actrices mexicanas  que son figuras internacionales.

Nació y murió un 8 de abril, sin embargo, vivirá para siempre.

 

 

 

*Karla Valenzuela es escritora y periodista. Es Licenciada en Letras Hispánicas y se ha especializado en Literatura Hispanoamericana. Actualmente, se dedica también a proyectos publicitarios.


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