Hoy por puro capricho yo haré que vivas, Juan Gabriel

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Por Karla Valenzuela
No hace mucho tiempo, en 2014, La Jornada Semanal publicó un texto de Adriana del Moral, titulado “Juan Gabriel: placer culposo y cultura popular”; hoy, a más de dos años de que salió a la luz lo recuerdo, a propósito de la muerte del Divo de Juárez y lo reitero, para muchos, el gusto por la música de “Juanga” es motivo de pena, pero –como dice mi buen amigo José Abril- “quien diga que no se sabía alguna canción de Juan Gabriel, miente. Téngalo por seguro”.

Y es que, como dice Del Moral, Juan Gabriel gustaba por su letras siempre alusivas a cualquier tipo de amor; o por su dolor, siempre idéntico al que sufren y sufrimos- todos en la vida cotidiana. Él dignifica, a través de sus canciones, al mexicano que sale adelante por su propio pie, venciendo cualquier obstáculo que se le presente en su existencia.

Luego, sus arreglos suenan a México, a alegría, pero también pueden emitir el sonido desgarrador de la tristeza. En él se conjugan, pues, la propiedad de la poesía y la soltura de lo popular, y no por eso dejan de ser una representación del arte, si no todas, muchas de sus obras.

Volviendo al texto de Adriana del Moral, en él se recuerda la primera vez que el Palacio de Bellas Artes abrió sus puertas a Juan Gabriel y la polémica que desató este hecho entre Conaculta y todos los críticos de arte y artistas. Se abrían las puertas del recinto a la influencia de la televisión, decían, y yo, como Carlos Monsiváis, opino que ésa fue una gran muestra de apertura hacia la diversidad cultural, y que –en todo caso- el problema no era que se presentara Juan Gabriel, sino que ahora, al parecer, todo el mundo puede presentarse ahí y ya ahora sí- se volvió un recinto más del espectáculo.

Sin embargo, es innegable que Juan Gabriel cambió para muchos la manera de apreciar la canción mexicana; la revaloró entre generaciones nuevas y antiguas y logró llevarla a todas las fronteras en un tiempo en que ya es difícil hacer negocio de la buena música.

Su principal aportación, entonces, estriba en llevar poesía y lograr millones de juglares que llevaran su mensaje, de una manera coloquial pero elevada; de una forma a veces hasta intelectual pero certera. Y eso, créalo, querido lector, es muy difícil de lograr. Antes de “Juanga”, con métodos más o menos similares, sólo existió José Alfredo Jiménez.

Cuando estaba en la Universidad de Sonora, en el Taller de Composición, mi maestro Jesús Antonio Villa (QEPD) puso de ejemplo a Juan Gabriel como un buen poeta, y más o menos dijo, en pocas palabras, lo que ya se ha leído en este espacio. De modo que queda claro que hasta el académico más apegado a los cánones de la escuela, respaldaría la cultura popular que nos dejó Juan Gabriel.

De modo que sin culpas, llorémosle o riamos con él… pero no dejemos de cantarlo, te lo pido por favor.

 

*Foto tomada de juangabriel.com.mx

*Karla Valenzuela es escritora y periodista. Es Licenciada en Letras Hispánicas y se ha especializado en Literatura Hispanoamericana. Actualmente, se dedica también a proyectos publicitarios.


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