Espejo desenterrado: La verdad se abre paso… siempre

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Por Karla Valenzuela
Seguramente, nunca pasó por la mente de Enrique que alguna vez su tesis fuera objeto de estudio, menos que pensadores tan acuciosos como Enrique Krauze se diera el tiempo de leerle detenidamente y dejar constancia de que algunas líneas de su texto que refiere a Plutarco Elías Calles están en la tesis del interfecto sin citarse.

Luego, también seguramente, el joven futuro abogado jamás pensó que formatos como el MLA fueran de vital importancia a la hora de hacer referencia a algo externo a su propuesta de análisis. Me atrevo a decir que no me equivoco cuando digo que él, como el 80 por ciento de los estudiantes, pensó que nadie se daría cuenta porque nadie lee. Pero no.

El asunto aquí es que alguien apeló a que las tesis no se revisan, a que los libros se quedan en las bibliotecas y nada más. La realidad, querido lector, es otra.  Sí hay lectores y sí vamos a las bibliotecas y sí hay quien tiene memoria.

Afortunadamente, hay mucha gente que sí lee, que sí percibe cuando lo dicho es de otra persona, que sí tiene capacidad de crítica; sí hay maestros, profesores enteros y cabales que se quedan sin vista de tanto estudio del alumnado qué leer y que sí sancionan – y fuertemente – el plagio hasta en las tareas escolares.

Lo que pasó con la tesis del personaje en cuestión fue su responsabilidad y la de sus profesores y – como dicen – pasa todo el tiempo en México, así como pasan infinidad de cosas que no deberían de suceder.

No minimicemos el caso. Si hay quien cree que el plagio no nos afecta, está equivocado. El plagio es la gran metáfora de lo que sufre el país y es, por así decirlo, lo que faltaba.

Errores los tenemos todos, más si son errores de juventud. Nada más que en esta ocasión las disculpas no bastarían porque ya, simplemente, no hubo una disculpa, sino una – entre comillas – explicación que dejó más qué desear que la propia tesis.  El plagio es un acto que mucho tiene qué ver con corrupción, y esto es un atentado a la inteligencia. Y por eso es imperdonable.

Es triste, más triste aún porque quienes defienden el plagio, quienes lo hacen un delito menor, solapan también la mentira.  Seamos, pues, inteligentes, leamos siempre y dejemos que – como dice Krauze – la verdad se abra paso.

 

 

*Karla Valenzuela es escritora y periodista. Es Licenciada en Letras Hispánicas y se ha especializado en Literatura Hispanoamericana. Actualmente, se dedica también a proyectos publicitarios.


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