Reductio ad absurdum: Darwin, el glotón

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Malasuerte
Charles Darwin -padre de la evolución- tenía muy buen diente, y comió todas las especies de animales que descubrió.

En sus tiempos de estudiante en Cambridge, formó parte de la sociedad gastronómica Gourmet Club (más conocida como “The Glutton Club”, el “club de glotones”) que hacía gala de un “omnivorismo sin fronteras”. El objetivo era que todos y cada uno de los animales fueran conocidos por el paladar humano. Sin embargo Darwin abandonó el club tras probar un búho, el cual le causó una terrible indigestión y con sabor “indescriptible”.

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Sin embargo, el autor de “El origen de las especies” le siguió metiendo duro a cuanto animal iba descubriendo por Sudamérica; el armadillo “sabe a pato”, el puma de la Patagonia, y su pièce de résistance: el Ñandú (algo así como avestruz) que degustó con singular algarabía.

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Donde si se lució en voracidad fue en la isla James del archipiélago, donde recogieron 48 ejemplares de tortugas gigantes, de las cuales ninguna llegó a su destino ya que fueron devoradas en sopas, filetes y otros antojitos.

Bon apetit!

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