Espejo desenterrado: Tierra infértil

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Por Karla Valenzuela
Karla Valenzuela
Mañana es 18 de marzo y se cumplen 78 años de la llamada “Expropiación Petrolera” y el próximo lunes, 21, se conmemoran 210 años del natalicio de Benito Juárez. Estas fechas, y lo célebres que son, las aprendimos otrora hace ya unos ayeres en la clase de historia y civismo. La importancia de saludar a la bandera, de respetar nuestros símbolos patrios y a los personajes que, de alguna u otra manera, hicieron posible que nuestro país haya logrado “independizarse”, constituirse, reformarse y transformarse en el México de nuestros días, la aprendimos la “macheteamos” en las clases de historia, y luego, aunado al civismo, también nos inculcaron cultura cívica,  formación de valores y, por supuesto, cuestiones éticas.

Esta educación era la que se daba en clase, al menos cuando yo estaba en la escuela, y lo cierto es que me consta que mi generación y las que me antecedieron también recibieron los mismo planes de estudio. Es por eso que hoy en día me resulta por demás increíble presenciar –y tener que soportar– conductas inadecuadas de gente que sí fue a la escuela, que recibió más o menos la misma educación que todos los que según  dicen formamos parte de la generación X, y que no tengan ni la más mínima cultura cívica de decir “buenos días” o “buenas tardes”, o “gracias”, ya no digamos “con permiso”, y que saliendo a la calle, además, se pasan de carril sin poner direccionales, se detienen en doble fila en plena calle a esperar que sus hijos salgan de la escuela, se estacionan en lugares “azules” sin el debido permiso, y todavía  se sueltan gritando –como locos despavoridos cuando un conductor meticuloso los reprende un poco y osan sonar el claxon de su automóvil para que se den  cuenta de que están haciendo las cosas mal.

Me pregunto qué pasa con esa gente sin educación que –a falta de argumento- grita por las calles, tiran basura en donde no deben, destruyen todo porque a ellos no les costó nada,  agreden a cuanta persona ven a su paso, en el tránsito vehicular, en sus oficinas, en su vida diaria, y todavía piensan que están haciendo las cosas bien.

La educación, como la historia, comienza a paso lento pero da frutos certeros. Obviamente, en esta época nos enfrentamos muchos a unas generaciones –la nuestra y las que han venido después de nosotros- que es tierra infértil, incapaz de tener ninguna actitud cívica, que no sabe las más básicas reglas de urbanidad.

Hoy, que estamos celebrando estas fechas tan importantes para la historia de México, invito a festejar así,  siendo verdaderamente revolucionarios a través de un comportamiento cordial y apegado a reglas cívicas. Recordemos que la educación es lo más útil que les podemos heredar a nuestros hijos, que – como decía Goethe- “podrían engendrarse hijos educados si lo estuvieran los padres”.

No dejemos que los hijos den frutos escasos o débiles, porque sin educación, lamentablemente cualquier fruto está podrido.

 

 

 


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