Die Woestyn: Si las armas no matan personas, ¿entonces por qué las usan?

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Por Alí Zamora
Yo quería hablar (escribir) sobre futbol (¡Nooo! ¿En serio?), máxime que el pasado fin de semana regresó la Bundesliga de vacaciones de Qatar y Arabia Saudita, pero recibí un correo electrónico que me hizo cambiar de opinión y recordar distintos eventos de mi pasado reciente.

El mensaje en cuestión era un correo electrónico de la escuela a la cual estoy asistiendo (virtualmente): la Universidad del Estado de Arizona (ASU, Arizona State University), y el asunto decía: “Más sobre Yue Jiang” (More about Yue Jiang).

Yue Jiang era una estudiante de segundo año en el campus de ASU en la ciudad de Tempe, Arizona; decidió ir de compras el sábado 16 de enero del presente año, y haciendo alto en una luz roja en las calles de Tempe, fue que se vio a Yue con vida por última vez. Su familia, en China, no volvería a hablar con ella ni a recibirla después de un regreso a casa, tras haber completado su educación en los Estados Unidos.

Estas cosas pasan. Las personas mueren todos los días, en ciertos lugares más que en otros, pero a final de cuentas yo no he conocido a nadie que haya sobrevivido a la vida misma. Sin embargo, lo que me hizo indagar más respecto al tema fue el hecho de que en las noticias no había escuchado nada relacionado con el suceso. El supuesto de que una estudiante extranjera haya muerto en este país, usualmente da de qué hablar, y tras una búsqueda rápida encontré, en efecto, notas informativas respecto a lo que había pasado. Igualmente, en Facebook también encontré comentarios escritos por estudiantes de ASU, y lo que leí en las notas publicadas en los medios de comunicación contrasta con lo escrito por los estudiantes en la red social. Esto, obviamente, da para pensar un rato…

Yue Jiang, ASU

Por azares de la vida y del universo, me he encontrado en varias ocasiones (o más bien, en todas las ocasiones, desde los 23 años de edad) trabajando en despachos legales. Como nota aparte debo admitir que no es una queja, ya que desde chico me veía a mí mismo trabajando “en una oficina” (esto después de querer jugar para Los Naranjeros de Hermosillo o ser piloto, como Adrián Fernández, aunque fuera de Fórmula 1… ¿qué tiene?); nunca me quedó claro el concepto de lo que era trabajar “en una oficina”, pero siempre vi a mi madre (más a ella, ya que de chico estaba más apegado a mi progenitora que a mi procreador) trabajando en oficinas, así que asumí que debía ser una profesión honrosa y digna el trabajar “en una oficina”. Pero me desvío del punto.

Un día por la mañana, no hace tanto, mi jefa arribó a la oficina alrededor de una hora después de que yo llegase; es decir, llegó temprano.

En la relativamente cercana ciudad de San Bernardino (y su suburbio de Redlands) aconteció otro tiroteo más de los que ocurren en el país donde estudié, vivo y trabajo. Esto, al parecer, ocurre semanalmente, así como la NFL por los domingos, la NBA por TNT los jueves por la noche y el hockey sobre hielo de los miércoles por la noche; pero las idiosincrasias culturales de mis coterráneos las dejaré para otra ocasión.

Además de llegar temprano, mi jefa llegó muy comunicativa, y la conversación rápidamente viró al tiroteo en el Centro de Salud Regional de San Bernardino. En honor a la divulgación completa, debo decir que mi jefa, además de ser abogada de inmigración con más de 16 años de experiencia, es húngara de nacimiento y escapó el régimen comunista de Hungría que, en términos utilizados en la colonia Nuevo Hermosillo, “Rifó y Controló” su país de origen por 40 años (1949-1989). Encima de eso, es vegan y estudió diseño de teatro antes de dedicarse al litigio.

Con esa breve historia como contexto, es entendible que mi jefa muestre un desdén por la posesión y uso de armas como un “derecho constitucional” de los ciudadanos de este país. Tengo que decirle a las personas que no lo saben, y recordárselo a quienes lo sabían pero lo olvidaron, que en los Estados Unidos la segunda enmienda a la Constitución es “The right to bear and keep arms” (El derecho a portar y guardar armas). Quiere decir que desde la escuela primaria, en clases de cívica y ética, hasta las clases en ley constitucional que muchos estudiantes de leyes o educación superior deben tomar, las personas nacidas en este país estudian y aprenden sus derechos como ciudadanos, y de manera intrínseca, entre ellos se encuentra la segunda enmienda.

Hubo una conversación aquella mañana sobre la legalidad del asunto y contexto en el cual una ley puede ser aplicada. Pero a final de cuentas, como ella misma recalcó, es sólo una opinión personal, por lo que cuadra que una persona que no come carne, no sea participe o apoye eventos como la cacería deportiva (sports hunting, como se le conoce en estos barrios).

En lo personal, yo me muestro agnóstico ante las armas y la necesidad de la violencia para solucionar conflictos. Soy dueño de videojuegos como la serie Call of Duty, utilizada como “entrenamiento” por personas como Anders Behrig Breivig (San Google, ¿quién es él?), e incluso he disparado armas (legalmente, en un campo de tiro, después de recibir la orientación de principiante) aunque no sea dueño de una.

Quizás por ser tan ajeno a la cultura de las armas y la cacería fue que miré con tanto respeto la experiencia de ir a un campo de tiro. El hecho de estar cargando un magazine, bala por bala, con el conocimiento de que uno de esos objetos menores a los 5 cm de longitud puede acabar con una vida, mientras en la línea contigua dos muchachos que al parecer habían dejado la adolescencia minutos antes, disparaban un rifle semi-automático para pasar la noche de su sábado, es un despertar de emociones no experimentadas en torno a una cultura anteriormente desconocida (así como mi primer Hava Nagila en una boda hebraica).

Pero esa es solamente mi experiencia, así como la conversación de mi jefa era la opinión de ella. Nada de lo que yo pueda decir u opinar al respecto podrá construir un axioma social respecto a cómo se deban manejar las armas en una sociedad. Hay que recordar que las sociedades humanas no son universales: el ejemplo de Australia, que compró y destruyó toneladas de armas de sus ciudadanos en los noventas para buscar detener una epidemia de asesinatos por armas de fuego, es completamente distinto al modelo de Suiza, donde las personas pueden comprar armas sin problema y tenerlas en sus hogares, pero a cambio son requeridos dos años de servicio militar obligatorio y guardar municiones bajo llave en un lugar fuera del hogar, y ambos modelos son muy distintos a otros países europeos donde solamente las autoridades o fuerzas militares poseen armas, mismas que no son utilizadas para todos los encuentros entre fuerza policiaca vs. público (ejemplo es Gran Bretaña y sus policías con escudos de plástico y toletes para dar y repartir macanazos como si fuera una riña medieval entre dos aldeas por el disfrute de un árbol de manzanas).

El haber legislado la tenencia de armas en la Constitución de los Estados Unidos es algo que grupos conservadores o grupos que abogan a favor de la posesión legal de armas utilizan como argumento “todo-lo-sabe todo-lo-responde”. No hay más discusión al respecto porque la segunda enmienda nos garantiza a todos el derecho a poseer un arma y, como nos ha dicho Charlton Heston en sus documentales y películas, “las armas no matan personas, las personas matan personas” (Guns don’t kill people, people kill people).

Aunque, a decir verdad, se necesitaría de un corazón altamente defectuoso para morir cuando alguien apunta el dedo a otra persona y grita: ¡BANG! ¡RATATAT-BOOM! (esto no lo digo yo, lo ha dicho el comediante Eddie Izzard). Y también hay que reconocer que, a falta de un arma de fuego, es extremadamente difícil matar al prójimo con verbos mal conjugados (aunque en los medios electrónicos se esmeran en ello… y a diario: ¡uf, uf y recontrauf!).

 

 

El argumento de la organización que aboga a favor de las armas en este país, NRA (National Rifle Association), es que si eres un ciudadano limpio, bien portado, que sigue las leyes (y, calladamente, anglosajón) tienes que prevenir que el gobierno irrumpa en tus libertades constitucionales y trate de retirar tus armas legales; de igual manera, tienes el derecho como ciudadano libre (y anglosajón, pues) de defenderte con un arma en caso de ser atacado por los ingleses (el cual era el propósito histórico de la segunda enmienda, recordando que al ser redactada la Constitución en 1776 no existía una fuerza militar o policiaca, al igual que no existían agencias federales de control de crimen como el FBI, la CIA, la ATF, y la discriminación sólo se practicaba contra los nativos y los cerdos jabalí).

¿Cómo se defenderá un ciudadano utilizando un arma ante un criminal que pone su vida en riesgo? Neutralizándolo. ¿Y en términos biológicos? Pues matándolo, vaya.

Luego entonces eso nos dice que el propósito de un arma, inclusive para defenderse, es terminar con una vida.

¿Y qué hay de las armas de recreación? Claro, los cazadores utilizan armas de fuego, ya que arco y flecha son muy poco eficientes, como hemos aprendido de nuestros antepasados, ya que no todo el mundo tiene puntería de apache. Es mucho más eficiente cazar patos con una AR-15 automática: ¿quién tiene tiempo de recargar balas cuando los patos están en el aire con esa gracia exquisita que sirve de alimento fuerte en ciertas mesas nobiliarias?

Yo no soy un experto sociológico en armas, pero me parece bastante obvio que, más que un utensilio deportivo, es una herramienta que se utiliza para dañar o terminar con la vida de un contrario.

Para complicar (¿¡más!?) la situación, el hecho de que a nivel nacional no se apliquen las mismas leyes crea un ámbito de caos y chivos expiatorios legales. Una persona que tiene que firmar documentos y someterse a un chequeo de seguridad para comprar un arma en el estado de California, puede en el entre tiempo viajar al contiguo estado de Arizona, caminar a una exhibición de armas y comprar una, en efectivo contante y sonante, sin revisión alguna: a veces las prioridades no se enteran que hay trámites que cumplir.

 

Bueno, aquí regresamos al punto donde esa narrativa nuevamente se cruza en la vida de Yue Jiang.

Como mencioné, encontré notas informativos de los medios (CBS, BBC y otras instituciones locales de renombre, como The Arizona Rancher’s Journal), y si crees lo que ellos dicen fue “un trágico incidente de ira vehicular” (a tragic road rage incident) lo que finalmente escaló hasta terminar con la vida de la joven (bastante joven, 19 años) Jiang. Si le creemos a los reportes todo esto fue una serie de eventos desafortunados en secuencia (dos jóvenes extranjeras de compras en un carro nuevo, un alto en luz roja, una colisión vehicular, un intercambio agitado de palabras y el frío plomo haciendo contacto con una joven al volante) que culminaron con la perdida de una vida. Tragedia desafortunada, pensamientos y oraciones para la familia. Siguiente.

Incluso hasta se podría leer cierta culpabilidad en los encabezados que dan indicios que “esto” ocurrió debido a un accidente de tráfico.

Pero si contrastamos eso con lo que varios alumnos (y uno que otro conocido de la señorita Jiang) redactaron en línea, lo sucedido fue lo siguiente: Yue y su amiga sí andaban de compras en un sedán de lujo nuevo, las señoritas sí hicieron alto en una luz roja, sí hubo una colisión vehicular, pero aquí es donde divergen las historias: el auto de Yue fue chocado por detrás (aparentemente con intención y malicia), la señorita que fungía de copiloto se bajó del vehículo para inspeccionar el daño, pero regresó al vehículo y le pidió a Yue manejar lejos de la escena al ver a la conductora del otro automóvil, Holly Davis, de 32 años y anglosajona, en posesión de un arma de fuego; la señora Davis se acercó a la puerta del conductor y abrió fuego en contra de Yue Jiang, quien intentó huir de la escena pero colisionó con otro vehículo y, finalmente, murió debido a las heridas.

La señora Holly Davis escondió su arma de fuego y su vehículo, se retiró a su apartamento en la ciudad de Mesa, Arizona, depositó su ropa en la lavadora y se dio un baño. Fue aprehendida por las autoridades después de una refrescante ducha. Nada como un buen regaderazo antes de ir a la cárcel: se puede perder la dignidad pero el estilo jamás.

Al ser arrestada, se le leyeron varios cargos, entre los que estaba el de asesinato en primer grado y desorden público, además (si lo estabas buscando) el cargo de persona prohibida en posesión de arma de fuego.

Holly DavisEs decir, la señora Holly Davis tuvo una estancia de tres años en prisión en el estado de Missouri. Es decir, la señora Davis tiene un record de felonías. Es decir, en teoría, la señora Davis debió haber estado en una lista de personas a quienes no se les permite completar una transacción de compra de un arma de fuego, pero tal lista no existe, y en el estado de Arizona uno puede comprar un arma, en efectivo, sin un chequeo de identidad o de record criminal, si paga su entrada a una convención de armas de fuego (de agosto del 2015 a diciembre del mismo año se sostuvieron nada más y nada menos que ¡13 convenciones de tal tipo!).

Yo no tengo la información completa sobre cómo esa mujer obtuvo su arma de fuego ni trato de insinuar que eso fue lo que sucedió exactamente, pero la posibilidad existe.

Obviamente, cuando sucede algo que afecta a una persona que conocemos, que queremos o que nos interesa, el sentimiento es mayor y el escándalo ante tal suceso es de la misma índole (mayor; a veces, desproporcionado). Por lo que es entendible, hasta cierto punto, el sentimiento que comparten (en línea) integrantes de la comunidad estudiantil de ASU y miembros de la comunidad china en esa parte de Arizona respecto a la manera en que se divulgaron las noticias y qué porciones de la información decidieron compartir.

Como escribió la joven “Jen C.”: “Si van a compartir las noticias, háganlo apropiadamente: Yue fue chocada, ella no chocó…”.

El hecho de que la víctima es un estudiante extranjero, hombre o mujer, tal vez debería determinar la seriedad con la que se trate esta noticia, porque a final de cuentas, la familia Jiang en China es quien no volverá a ver a su hija, sobrina, hermana, nieta, prima, et al.

En papel, la solución es fácil para tratar de mantener a la población relativamente a salvo (nuevamente, en papel) pero tenemos que recordar que hace tres años, aproximadamente, en diciembre del 2012, un hombre de 20 años de edad llamado Adam Lanza, en un arranque de ira al sentirse despreciado por su madre, una maestra en una escuela primaria en un ínfimo lugar del noreste del mapa de los Estados Unidos, llamado Sandy Hook, Connecticut, irrumpió en la escuela primaria donde su madre trabajaba (después de haber asesinado a esa mujer en su hogar) y mató en el plantel escolar a 26 personas… 20 de ellos niños.

Adam-Lanza

Por presiones políticas/monetarias, el CDC decidió no añadir a sus estudios violencia por armas de fuego, así como estudian violencia domestica, adicción, asaltos sexuales y otras situaciones no necesariamente patógenas o virales. Y de igual manera, ambas cámaras del gobierno federal (Congreso y Senado) nada hicieron. Bueno, no puedo decir que hicieron nada, ya que ofrecieron muchas oraciones y pensamientos a las víctimas y sus familias, porque obviamente eso era lo que necesitaban los padres y madres de los niños que no rebasaban los 7 años de edad: Oraciones y pensamientos.

Eso es lo que necesitaba una nación entera que buscaba respuestas a la pregunta ¿Cómo puede pasar eso? Oraciones y pensamientos.

Porque, a fin de cuentas, parafraseando a Nicolás Guillén: ¿Qué carajo quiere usted que hagan las leyes? Digo. Hasta Bill O’Reilly, perenne incendiario de FOX News, indicó que el trabajo de un gobierno es mantener a las personas a salvo, y ya si piensas que viene el gobierno a quitarte tus preciosas armas, bueno, ése es tu problema y ésa tu paranoia.

Si una nación civilizada no puede unirse ante tales sucesos, o si un gobierno de una nación que busca ser progresiva, multicultural y tolerante no busca agresivamente un alto al flujo descomunal de armas ante los cuerpos de niños inocentes que son velados por sus padres, entonces ¿qué se necesita para tomar acción?

Pero la idea de que en un momento dado, en una sociedad supuestamente civilizada, dos personas que discuten pueden terminar recurriendo al lenguaje de las armas en lugar de poner en práctica las armas del lenguaje, es escalofriante. Que la excusa para tal suceso sea “es mi derecho” resulta irascible y, en mi opinión, francamente patética. Y sí: sí hay precedente de que un evento similar al hipotéticamente descrito haya ocurrido. ¿En dónde? En Flagstaff, en la Universidad del Norte de Arizona.

Que bueno que existan los derechos, pero como dijo mi jefa: There are no ‘yes or no’ questions in american law (No hay preguntas de “si o no” en las leyes americanas).

 

 

El Alí. No soy de donde vivo, ni vivo de donde soy; pero si pienso lo que digo, puedo decir lo que pienso.


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