Espejo desenterrado: ¿Tú relinchas o lees?

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Karla Valenzuela
Pablo, un niño de 11 años, sonorense, acostumbrado a ir y venir de la escuela, estudiar, leer lo que lo “obligan” prácticamente en su salón de clases, llega a su casa todos los días y, con sin igual devoción, hace lo mismo cada vez: después de comer, toma su libro favorito, busca la página en la que se quedó y reanuda su lectura diaria.

Hoy le toca el turno a Griselda Gambaro. Y es que cómo no sumirse en la historia de Pepino, que da tanta lástima, tanta desesperación porque – siendo casi un corcel de ésos que salen en los cuentos- resulta que éste es un caballo que no sabe relinchar. Entonces, una lechuza, sabia como ella sola, le muestra el camino para que aprenda a manifestarse por el mundo, relinchando por ahí.

Yo, llámenme soñadora, prefiero pensar que los niños y jóvenes sí se dan el momento preciso para leer y, entonces, sí están aprendiendo cómo estructurar sus ideas, cómo escribir adecuadamente, cómo hablar ante los demás, cómo procurar una ortografía pulcra y, sobre todo, cómo vivir mejor

Yo veo a Pablo y me pregunto si todos los niños serán así, si en estos tiempos tan alejados de la literatura y tan cercanos a los videojuegos, habrá criaturas que lean más allá de sus tareas escolares. Y prefiero pensar, como toda soñadora, que sí, que los niños leen mucho, nomás que los adultos ya no nos damos cuenta porque ni siquiera somos nosotros quienes tomamos un cuento y lo revisamos por las noches, junto a ellos, antes de dormir. Dicen que nadie tiene tiempo en esta vida que –por la tecnología- es de suponerse que está mejor organizada. Yo, llámenme soñadora, prefiero pensar que los niños y jóvenes sí se dan el momento preciso para leer y, entonces, sí están aprendiendo cómo estructurar sus ideas, cómo escribir adecuadamente, cómo hablar ante los demás, cómo procurar una ortografía pulcra y, sobre todo, cómo vivir mejor.

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Sí, todo eso uno aprende cuando lee. Y entonces, si leemos, podemos ser mejores seres humanos o tener las herramientas necesarias para poder decidir qué tipo de hombres y mujeres queremos ser en el futuro.

Gracias al cielo, nosotros tenemos la capacidad de expresarnos de distintas maneras, incluso podemos elegir relinchar, como Pepino, el del cuento de Gambaro… pero él es sólo un caballo, estoy segura de que si leemos podremos lograr cosas maravillosas.

 

 


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