Tono y son: El Flaco de oro [Parte 2]

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El mote de músico y poeta se lo ganó a pulso Agustín Lara por la elegante prosa con la que escribía las canciones y que complementaba con muy buena musicalización, de tal manera que las melodías resultantes gustaban tanto a los amantes de la buena música como a los profanos oyentes ocasionales.

Por: Jesús M. Corona M.
Jesus_M_Corona_MDe entre los cientos de canciones creadas por él y como muestra de su inspiración les presentamos el tema de “Escarcha” que nos describe el desarrollo de un idilio imaginando el futuro lejano, que le canta un enamorado a la dueña de su amor.

 

Escarcha
cuando la escarcha pinte, tu dolor.
Cuando ya estes cansada, de sufrir.
Yo tengo, un corazón para quererte,
el nido donde tú puedes vivir.

Blanco divan de tul aguardara,
tu exquisito abandono de mujer.
Yo te sabre besar, yo te sabre querer,
y, yo hare palpitar todo tu ser.

Otra obra fruto del ingenio de Lara es la de “Mujer”, estructurada con un lenguaje muy elegante y plena de romanticismo y amor.

El ambiente de vida nocturna en lugares non sanctos le permitió al maestro la convivencia con muchas mujeres que se ganaban la vida en aquel mundo de oropel y fantasía , de alegrías artificiales provocadas por el alcohol y de penas sufriéndose en silencio, en la soledad. En esos lugares vio y se enteró de todos los apuros y sufrimientos que agobiaban a las mujeres de la vida galante y su corazón sensible al sentimiento de penas y alegrías de la vida cotidiana. Supo plasmar en canciones como “Aventurera” y “Amor de la calle” entre muchas otras.

Aventurera
Vende caro tú amor, aventurera
Da el precio del dolor, a tú pasado
Y aquel, que de tú boca, la miel quiera
Que pague con brillantes tú pecado
Que pague con brillantes tú pecado

Amor de la calle nos describe las dificultades que pasa una prostituta y el dolor de vivir en esas circunstancias.

 

La fiesta brava

Las corridas de toros vivieron su mejor momento en las décadas 40’s, 50’s y 60’s que marcaron el apogeo del compositor. Los domingos por la tarde “La arena México” , la plaza de toros mas grande del mundo (cap. 50,000) era punto de reunión de la crema y nata de la alta sociedad. Esferas políticas, artísticas, deportistas y otros grupos de gente aburguesada (muchos de ellos autenticos “villamelones”, como se les dice a los que no conocen de la fiesta brava), en realidad iban a que los vieran luciendo sus mejores galas y para presumir que estaban a pocos metros de “fulano” o de “zutano”. Naturalmente en las primeras filas de los tendidos, muy cerca de los “burladeros” se ubicaban los que tenían para pagar los carísimos palcos y que además no querían pasar desapercibidos.

Era tanta la afición por el arte de las orejas y los rabos que las corridas se transmitían por radio y cuando se celebraban mano a mano entre toreros españoles y mexicanos equivalía a una pelea de campeonato de la actualidad.

La clase trabajadora no tenía para ver en vivo las corridas, se reunía en pulquerías, cantinas de barrio o vecindades y las típicas colonias tradicionales de la capital como Tepito, La Lagunilla, La Merced, Peralvillo, La Candelaria de los Patos se vestían de fiesta para escuchar las reseñas de Pepe Alameda que hacia vibrar al cotarro con la descripción de “un par de banderillas en todo lo alto, un pase de pecho bien realizado” o “una estocada hasta la empuñadura”. Las crónicas de este señor marcaron época y un estilo único -que entre paréntesis, el fue el maestro de Paco Malgesto- y la frase con la que cerraba su faena narrativa era la de “El toreo no es una graciosa huida, sino una apasionada entrega”.

toros

Algunas de las figuras más destacadas de esa época fueron Manolete, Curro Rivera, Armillita, Paco Silveti, Paco Camino, Carlos Arruza, Joselito Huerta, Eloy Cavazos, Manolo Martínez, Alfredo Leal, Silverio Pérez, etc. Este último era conocido en el ambiente de la tauromaquia como “El Faraón de Texcoco” y Lara lo admiraba tanto que le compuso un paso doble con su nombre.

En el mismo describe la emoción que le causaba a él y a miles de admiradores que tenia, las suertes que Silverio les hacía a bureles de 500 kg. o más, arriesgando el físico, venciendo el miedo de ser empitonado por un miura bravo.

Los invito a escuchar el pasodoble en mención en la voz de Alejandro Algara, que como mencionaba en la primera parte de estas remembranzas, era uno de sus intérpretes favoritos.

 

España

A raíz de la guerra civil española y la sanguinaria dictadura de Francisco Franco, el entonces presidente de México Lázaro Cárdenas del Río en un acto humanitario de solidaridad, decidió asilar a cientos de españoles que salieron huyendo de la madre patria y así fue que en 1938 llegaron a nuestro país (vía Veracruz), en forma temporal mientras mejoraba la situación, y la realidad fue que la gran mayoría fijaron su residencia definitiva en suelo azteca.

Los nuevos inmigrantes no tardaron mucho tiempo en acoplarse al estilo de vida de nuestro país e integrarse a los usos y costumbres nuestros.

Aficionados a los toros, al buen vino y a la bohemia, entraron al ambiente del “Flaco de Oro” y es de suponerse que quedaron cautivados con su música y de ahí a entablar una relación más cercana no tardó mucho. El hecho es que la constante convivencia con los nostálgicos iberos que rememoraban sus lugares de procedencia le dieron material y fuente de inspiración al maestro y así fue como compuso canciones para Sevilla, Toledo, Murcia, Navarra, Valencia, Madrid y Granada. Lo relevante de esta última es que nunca había estado en ese lugar y realizó una composición tan extraordinaria que tuvo proyección mundial y la misma ha sido grabada por muchos de los mejores tenores del mundo, siendo casi obligado para todo cantante que se respete incluirla en su repertorio.

 

* L.A.E. Jesús Manuel Corona Martínez. Colaborador


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