La Perinola: La corte de los ineptos

La Perinola: La corte de los ineptos

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Por Álex Ramírez-Arballo
Álex Ramírez-Arballo
En el mundo real, ese en el que vivimos casi todos, la ineficiencia se penaliza. En el mundo de los hombres, es decir, el mundo de los días de una semana y la calle y los contratiempos, cometer un error conlleva por necesidad una serie de consecuencias conocidas: si no estudias, repruebas; si arriesgas dinero en una empresa, puedes perderlo; si no cuidas tu cuerpo, es seguro que enfermarás con mayor frecuencia; si cometes un crimen, lo esperado es que pagues por ello. En el mundo del trabajo, que es en el que vivimos casi todos, es necesario ser responsables, asumir deberes, rendir cuentas. Es así, tal es el mecanismo que nuestra sociedad de libre competencia ha establecido para premiar a los esforzados y castigar a los ineptos. Se trata de una justicia práctica y expedita; a través de ella la realidad social se encarga de proporcionarle a cada uno lo que es suyo, lo que ha ganado. Cualquier intento de distorsionar este orden deviene en el beneficio de unos poquísimos en detrimento de muchos. Claro está, para que este orden humano opere es necesario un pacto en el que todas las personas (o la mayoría de ellas) admita este principio rector; recordemos que el requisito más importante de cualquier competencia es un cuerpo de reglas claras, asumidas por todos y validadas por un juez inapelable. En el caso de las complejas sociedades humanas este enjuiciador encarna naturalmente en las legislaciones y el mecanismo natural de los mercados.

En México, sin embargo, esto no funciona. Es un país en el que se ha impuesto una realidad aparte, una deformación dolorosa de la vida pública en la que una camarilla de bucaneros de la política ha tomado por asalto las endebles instituciones de la democracia nacional; esto es trágico porque todos sabemos bien cómo ha de terminar: la belleza de la tragedia radica en el efecto desesperanzador que provoca la obstinación de sus personajes, pero fuera del marco de lo literario esa belleza se convierte en auténtico despropósito. No puede esperarnos hacia adelante otra cosa que no sea devastación, caos, arbitrariedad y muerte. No exagero.

Siempre que una sociedad renuncia a perseguir y defender principios liberales termina por desmadrarse y caer en una espiral de retroceso interminable.

La pandemia de Covid-19 ha venido a poner evidencia la ineptitud de quienes ejercen nominalmente de gobierno. Las consecuencias en este caso no son solo económicas (que en este rubro son devastadoras), sino sobre todo han representado sufrimiento y muerte. Los cientos de miles de mexicanos fallecidos debido a la inoperancia de las autoridades son responsabilidad de quienes aspiraron a un cargo público sin poseer las habilidades y la voluntad necesarias para ello. Pero como en México la rendición de cuentas es letra muerta, el funcionario se reconoce a sí mismo libre para actuar como le venga en gana, y no es extraño que se convierta en un auténtico abusador. El caso más evidente es el de Hugo López-Gatell, un merolico sangriento enamorado de sí mismo que sale un día sí y otro también a mentir cínicamente sin el menor asomo de rubor por sus vilezas.

La corte de ineptos que hoy se ha aposentado en las oficinas públicas se consume a sí misma en la entropía de sus impulsos irracionales. Les interesa el poder como fin y nunca como medio. Se alimentan de sí mismos ejerciendo una narrativa inmanente, intrascendente y pueril con la cual intentan sepultar todo asomo de crítica o defensa de la institucionalidad. Es un altísimo deber moral e intelectual combatirlos con los instrumentos propios de la tradición liberal que ellos tanto detestan. El daño que han causado es ya enorme, evitemos que la malignidad de sus actos siga abonando en los campos de la locura. Señalémoslos diariamente, hagámoslos responsables por todas y cada una de sus acciones: la venganza es de ellos; el deseo de justicia, en cambio, es de todos.

 

Álex Ramírez-Arballo. Doctor en literaturas hispánicas. Profesor de lengua y literatura en la Penn State University. Escritor, mentor y conferenciante. Amante del documental y de todas las formas de la no ficción. Blogger, vlogger y podcaster. www.alexramirezblog.com


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2 comments on “La Perinola: La corte de los ineptos

  1. Un poeta enalteciendo al mercado como elemento esencial del humanismo.

    Un doctor en letras realizando sentencias sobre economía como burdo aspirante a editorialista. Sin datos, sin números, sin referencias.

    Un catedrático de una prestigiosa universidad de Estados Unidos que se va a pudrir hasta sus 80 años enseñando literatura hispanoamericana a estudiantes sajones que ya tienen a Faulkner, criticando el manejo de la pandemia en México sin empacho y viviendo en el país que peores números ha arrojado en la pandemia y cuyo revés económico respectivo es simplemente inconmensurable.

    Eres un impostor. Eres un fraude. Eres un charlatán.

    Te dices liberal? Qué tienes que decirle sobre tu ideal liberal al gobierno de Diaz Ordaz, de Echeverría, de López Portillo, de Miguel de la Madrid? De Carlos Salinas de Gortari? De Ernesto Zedillo? De Fox, de Calderón? De Enrique Peña Nieto asesino de estudiantes?

    Premonizas que se nos va a venir el caos, la muerte? Dónde estuviste los últimos treinta años del paraíso mexicano para que en cuatro párrafos publiques tanta ignorancia y tanta estupidez?

    No te insulto porque no me rebajo a la enanez de tu incultura.

    No sabía que este medio trataba de preservar la oligarquia del poder que ha gobernado Sonora 200 años.

    Ni pensé que un doctor en letras acabara de palero de la derecha corrupta y decadente (regresista. ¿sabes qué significa regresista, intelectual de sofá con calefacción?) de nuestro Estado y país.

    Qué manera de hablar a lo p.

  2. El caso más evidente eres tú: un merolico enamorado de ti mismo que sales una semana sí y otra también a resumir con lugares comunes y argumentos de superación personal, según tú, la síntesis de la cultura mundial (mientras te atiborras de twinkies y hamburguesas) sin siquiera haberte asomado jamás con medio pie a la realidad de los pueblos, de las comunidades, las culturas, las fronteras, la gente, escribiendo lo que escriben los demás, recitando teorías de finales del siglo XVIII como si fueran nuevas y tuyas, de seguro sin saberlo, pretendiendo que se te lea como a un periodista experto, sin un asomo de rubor.

    Escribe de lo que sabes y si no te gusta lo que escribes o si no sabes nada, deja de escribir.
    O mejor sigue abusando de la libertad de expresión, que para eso existe.

    Pasan meses y años y tus publicaciones siguen solas. solas.
    Uta. Qué intercambio de ideas suscitan tus escritos, qué bárbaro.
    Tú no expresas ideas. Tú pontificas, loco.

    Hay una frase que te gusta mucho usar (en medio de tu prédica de tolerancia y perdón). Seguidamente publicas que detestas y abominas con todas tus fuerzas a quienes son, piensan, actuan, proceden de una o tal manera diferente a la tuya. Eso te vuelve a ti un ser detestable, abominable. Por mero derecho de réplica.

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