Celuloide: Cobra kai o la nostalgia ochentera

Celuloide: Cobra kai o la nostalgia ochentera

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Por Jesús Ricardo Félix
Jesús Ricardo FélixYa hemos hablado aquí en el Celuloide de la creciente efervescencia de la nostalgia por los ochentas al punto que cada año surgen nuevas series, dramas y películas que reviven el escenario ochentero para ambientar su narrativa. De cualquier manera la fórmula sigue funcionando pues la época cuenta con un número ilimitado de iconos y soundtracks a los cuales recurrir dependiendo de la producción en turno. El director Steven Spielberg llegó a decir que añoramos los ochentas porque estábamos libres de estrés, nada más lejano a la realidad.

Pues bien, hace treinta y seis años aproximadamente se estrenaba Karate kid (1984) con gran éxito en taquilla y en la academia, al grado de obtener una nominación a Oscar. Se inauguraba además una serie de secuelas sobre artes marciales que hasta la fecha se siguen produciendo con similar o mayor éxito económico. Miles de niños y adolescentes alrededor del mundo eran inspirados a inscribirse al dojang más cercano para buscar en la disciplina del karate la respuesta a su problema de bullying o acoso escolar. Nos retrataban al recién llegado a la ciudad Daniel LaRusso (Ralph Macchio) como un adolescente tímido, moreno e inseguro instalado en un humilde vecindario de Los Ángeles. Por el contrario Johnny Lawrence (William Zabka), el alumno más destacado de la academia Cobra kai, representaba al fresa rubio popular que no peleaba limpio, siempre acompañado de su pandilla de fresas dispuestos a golpear primero y sin piedad a la menor provocación.

Aquí entra en escena la otra parte de la historia, la de los sensei, el señor Miyagi (Pat Morita) un migrante japonés que lucho en la segunda guerra, ofrecería convertirse en el maestro de Daniel para enseñarlo a defenderse de los acosadores. Por otro lado sensei Kreese (Martin Kove) un ex combatiente de Vietnam, endurecía su filosofía de no misericordia transmitiendo a sus alumnos la idea de ganar a como dé lugar.

La nueva propuesta es la serie Cobra Kai estrenada en el 2018 en la plataforma Youtube, está ambientada treinta años después que Daniel gana el torneo a los Cobra. Los escritores han dado un giro a la historia y nos describen a un Johnny Lawrence perdedor y alcohólico, atormentado por haber perdido un torneo de karate en su adolescencia, la vida lujosa que llevaba es substituida por un vecindario problemático lleno de migrantes donde conoce a Miguel, su nuevo discípulo que lo inspira a reabrir el dojang. Se hace demasiado énfasis en el rol de perdedor de Lawrence al punto que lo vemos ebrio y solitario en un departamento mugroso la mitad de las escenas. ¿Con esta reconstrucción victimaria del personaje los escritores nos quieren hacer ver que el bueno ahora es él? Por el contrario nos muestran a un Daniel LaRusso como un exitoso hombre de negocios que cuenta con agencias de venta de autos, tiene una vida de lujos y una familia que son el modelo de la sociedad californiana ¿Y las enseñanzas de Miyagi donde quedaron? ¿Es el nuevo villano? LaRusso se ha alejado bastante del karate pero en todos lados lo reconocen como el ganador del torneo y extraña a su sensei al punto que regala bonsáis a los clientes. La serie aprovecha la nostalgia ochentera para ganarse el Vo Bo de la audiencia pero se sostiene de una rivalidad que en ocasiones resulta risible, ya no tiene sentido que los personajes sean “enemigos” pero al parecer es un recurso al que se aferran los guionistas. También se sostienen mucho en el juego de casualidades entre los personajes, por casualidad Daniel piensa que Johnny fue el que hizo tal o cual cosa que jamás se aclara. Por casualidad los personajes no se enteran de tal o cual cosa para mantener el suspenso. Por casualidad Johnny no se entera de que Kreese sigue siendo el mismo de antes. A pesar de que no es un gran guión la serie tiene momentos agradables, se sostiene por un público nostálgico quien recibe la propuesta con buenos ojos y un público joven al que le han vendido una especie de formula High School Musical renovada para atraer a las nuevas generaciones.





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One thought on “Celuloide: Cobra kai o la nostalgia ochentera

  1. Ricardo… no creo que estas series, estas películas de tema ochentero se dirijan a público nacido en los ochenta, en los noventa o en los dos mil…

    esta serie está hecha pensando en quienes eran niños y adolescentes en los 80´s.
    por qué? porque somos público consumidor de cine y televisión.
    Lo mismo pasa con los conciertos de Mijares y de Emmanuel. De Luis Miguel, de Flans, y de todo lo que se consumía en los 80´s y 90´s. Es un fenómeno curioso, pero creo que tiene que ver con que, ya lo dijo Alberto Chimal antes que yo, la generación que creció en los 80´s nos fumamos tanta televisión y televisión por cable, que mucha parte de nuestro imaginario total. No somos grandes lectores pero somos fanáticos de la música y del cine. Somos un considerable segmento del mercado, somos fieles a esa nostalgia y antes como jóvenes treintañeros ya eramos nostálgicos y consumíamos nostalgia, ya antes como veinteañeros universitarios y profesionistas ya éramos nostálgicos y consumíamos nostalgias de los 60´s y de los 70´s, ahora ya siendo cincuentones o cuarentones seguimos siendo nostálgicos y consumimos nostalgia de los 80s como si una aspecto de la felicidad y del bienestar consistiera en eso. Te aseguro que la serie de Cobra Kai es para cuarentones y cincuentones, lo cual es una tristeza, porque significa que la televisión y el cine siguen produciendo para el único mercado que se comporta igual que hace cuarenta años: los niños y adolescentes de aquel tiempo. O sea nosotros. Porque seguimos una misma línea de consumo y porque somos fieles a lo mismo. Porque los veinteañeros y los adolescentes de hoy miran a su teléfono y miran a otras cosas, de los muchos distractores que ahora sí están a la mano y antes no lo estaban.

    La pregunta es: ¿Nos vamos a quedar viendo estas cosas toda la vida? ¿Merece la pena tomar nota de cada cosa ochentera que va saliendo?

    ¿De veras tiene que ver nosotros (o con alguien) una secuela del Karate Kid casi cuarenta años después?

    Puede decirse que si hicieron una nueva película de Los Cazafantasmas, ahí podemos encontrar la respuesta: Somos carne de mercado.

    Somos los enajenados. Explicamos nuestra existencia a partir de placebos culturales minúsculos, banales, plásticos. Anecdóticos cuando mucho.

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