La Perinola: Vivir por vivir

La Perinola: Vivir por vivir

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Por Álex Ramírez-Arballo
Álex Ramírez-Arballo
No tengo miedo a morir, pero no quiero morir. No lucho contra lo inevitable, acepto mi destino mortal porque entraña un tesoro impagable: la vida simple. Hoy, por ejemplo, me siento a vivir un rato, sin premuras ni angustias, sin dioses ni filosofías; estoy hablando de esto que hacemos diariamente sin darnos cuenta: vivir por vivir. Me siento, decía, con mi café y mi mañana, escucho los pájaros del verano mientras el perro sigue dormido bien envuelto entre sus sábanas. Todo está bien, todo cabe en la mirada. No tengo más y no quiero tener más que esta certeza de mi cuerpo respirando el aire, pesando en esta porción de espacio y tiempo que solo por hoy me corresponde.

No deseo nada, no temo nada, no espero nada. Ajusto las cuentas de la existencia en este rápido balance entre sorbos y me doy cuenta de que todo ha caído en su sitio. Me quedan siempre los libros que amo, la bici, los partidos de futbol en la tele, mis cinco kilómetros de cada día, mis cada vez más blancos pecados de los viernes y, sobre todo, la fantasía de que el próximo texto al fin dará con la clave largamente postergada. Pero no hay prisas. No me avergüenza la humildad de mis aspiraciones definitivas, no me siento deudor de mis ensueños de ayer, ni me anima hoy más ambición que la de tener una mente tranquila, si acaso.

Poco a poco me voy haciendo semejante a mí mismo, me voy despojando de los ropajes adquiridos por el amaneramiento y la gestualidad de los que temen ser poca cosa mientras se abren camino. Cada vez más me parezco al que fui y me concentro en la sencilla sabiduría de abrir los ojos por abrirlos. Me mueven fuerzas que no son de este mundo, lo sé, pero no quiero conocer su naturaleza inaccesible. Me doy, me rindo. Paso como pasa todo en esta historia: he sido creado para caer de año en año, creciendo y madurando, rompiéndome como se rompe lo que ha sabido jugar los juegos de la carne, apagándome como se apagan los fuegos que fueron luz y calor alguna vez. Soy ahora mismo el padre de mis actos, el aval de todas mis esperanzas.

Si fuera a morir hoy, cosa que, lo repito, no deseo, me iría sin la agonía triste de los arrepentidos. He hecho, deshecho y construido otra vez; he sanado a fuerza de paciencia las dolencias de una violencia heredada. He hecho las paces definitivas con las palabras. Vivo por vivir porque ahora sé muy bien que no existe más felicidad que rendirse, sin vanidades ni culpas, ante el avance puntual de lo imposible.




 

Álex Ramírez-Arballo. Doctor en literaturas hispánicas. Profesor de lengua y literatura en la Penn State University. Escritor, mentor y conferenciante. Amante del documental y de todas las formas de la no ficción. Blogger, vlogger y podcaster. www.alexramirezblog.com


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