Celuloide: J'ai perdu mon corps

Celuloide: J’ai perdu mon corps

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Por Jesús Ricardo Félix
Jesús Ricardo FélixPerdí mi cuerpo (2019) es una película francesa de animación digital, dirigida por Jérémy Clapin y producida por Marc du Pontavice. La película está basada en la novela Happy hand de Guillaume Laurant mismo escritor que colaboró en el guion de Amélie (2001). Esta historia con elementos surrealistas nos narra la vida de Naoufel, no, no déjenme empezar otra vez. Esta película nos describe la aventura de una mano que busca a su dueño. Dicho de otro modo, la película animada alterna las historias de un solitario repartidor de pizza y de la mano que va buscándolo a través de las calles de París. Recuerdo que en el filme surrealista El ángel exterminador (1966) de Luis Buñuel aparece una mano moviéndose con propia voluntad de la manera en que se observa en este filme francés. De hecho es casi seguro que sea una referencia al genio aragonés nacionalizado mexicano pues hay una escena posterior donde la mano se llena de hormigas y es como si estuvieran citando la mano Buñueliana de Un chien andalou (1929).

Como el título lo sugiere, es una animación que nos habla sobre las perdidas. La pérdida de la infancia, la pérdida de la mano, del cuerpo, la muerte de los papás y acaso la pérdida del sentido a la vida. Naoufel vive con su tío y su primo en los suburbios, hay flashbacks en blanco y negro interpuestos de su infancia, recuerdos de sí mismo junto a sus papas soñando que de adulto se convertiría en pianista o astronauta. Sin darse cuenta ha llegado a esa edad y se encuentra solo repartiendo pizzas, sin sentirse parte de un hogar.

Por azahares del destino conoce a Gabrielle una voz a través del intercomunicador con la que siente por primera vez que se conecta. Digamos que el protagonista pone toda su esperanza en esta misteriosa voz por lo que trata de hacer concordar la realidad con la ficción.

La película mezcla géneros pasando del drama, al romance, al misterio conservando el elemento onírico que la identifica, los personajes caen en ese lenguaje interno que raya en lo existencialista cuestionando su papel dentro del desarrollo de los acontecimientos. Se cuestionan el tema del destino, si lo que nos ocurre está ya predeterminado o si lo vamos construyendo conforme tomamos o dejamos de tomar decisiones.

Hay momentos donde Naoufel encuentra en Gabrielle esa figura en la cual refugiarse, recordar esa escena donde le cura la herida. También pretende construir junto a ella un hogar, que es lo que parece querer decir al construir ese iglú sobre la azotea. La mujer no parece identificarse del todo con la fantasía del personaje o tal vez se asuste con la obscuridad que representa su pasado. Lo conoce más a través de grabaciones que guarda en el reproductor de casetes portátil que en persona. La película también parece abordar esa enajenación que envuelve a los ciudadanos de las grandes metrópolis que parecen vivir la vida de manera autómata. Los personajes caen en rutinas o trabajos o lugares que odian, pero que a la vez los hacen sentir en su zona de confort.

La película te envuelve en su lenguaje onírico, para la audiencia acostumbrada a las animaciones “pixar” este tipo de propuestas le pueden parecer aburridas o acaso “lentas”. Hay que recordar que muchas de estas propuestas están pensadas en términos de estética visual y dejan de lado el ritmo o la acción o hasta los diálogos. La música es otro elemento que enriquece la atmósfera, algunos les recordará aquella obra genial de Richard Linklater: Waking Life (2001).





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