Urantia: Teurgia

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Para Santiago

 

Miguel Manríquez Durán
Miguel Manríquez1: Ya lo sabemos: la historia es trágica por su repetición. Los clásicos la contaron de mejor manera en ese portentoso ingenio que ahora llamamos mito. En el mito, los dioses antropomorfos nos permiten señalarlos por nuestras culpas y pecados porque no pueden ser juzgados ni castigados. Así salvamos nuestra condición humana imperfecta.
La mitología es una infinita biblioteca tribal con dioses vagos, amorales y mentirosos con dos cualidades importantes para mi: profundas enseñanzas del sentido de la vida y la muerte, además confirman el poder de la poesía.

Salmodiar las voces de La Odisea contada por el mal portado y viejo Homero… lleva una vida. Las asombrosas metamorfosis del mito de Ulises son infinitas. Ulises en el tormento de la modernidad descubre la fuerza del pensamiento sin enfrentar a los dioses. Viajero irredento, descubre la experiencia de todos los límites. Su travesia es síntesis de la experiencia humana.

Los límites entre el animal y el hombre, lo humano y lo divino, los vivos y los muertos.

A fin de cuentas, aparece un Ulises que va por el mundo de naufragio en naufragio. La Odisea es una epopeya del deseo, de la memoria, el sufrimiento y la ausencia.

2: La primera vez que me lo dijo el taxista ateniense pensé que era cuento para turistas. Después comprendí el mensaje. La advertencia es insistente: no subas el monte Liceo en Arcadia porque te cambiará la vida entera. Imposible no ir al monte consagrado a Zeus. En su nombre está la primera advertencia: montaña de los lobos: Licaión. Fue demasiado tarde. Al subir el Liceo nuestros cuerpos no proyectan sombra. La luz pasa sobre nuestra materialidad vacía y negligente. Esa luz divina traspasa nuestra trágica carnalidad que creemos sólida porque somos etéreos, minúsculos y fragmentados. Aprendes también a reconocer que a fin de cuentas la propia animalidad está al acecho, aquí en la habitaciones más oscuras del alma. En el Liceo ocurrían ritos de paso con sacrificios humanos donde eran devorados por los oficiantes para convertirse en lobos. El hombre es un lobo para el hombre: “Quien ha probado entrañas humanas mezcladas con las de otras víctimas, necesariamente se convierte en lobo.”, dice Platón en la República.

3: Para mi joven Ulises, sólo tengo a Pessoa:

De todo, quedaron tres cosas

La certeza de que estaba siempre comenzando,
la certeza de que había que seguir
y la certeza de que sería interrumpido
antes de terminar.

Hacer de la interrupción un camino nuevo,
hacer de la caída, un paso de danza,
del miedo, una escalera,
del sueño, un puente, de la búsqueda,…un encuentro




Miguel Manríquez Durán. Poeta.


SUM Comunicación
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