La Unison presente en las Noches de gala

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Juan Arturo Brennan
Una vez más, el concierto de mediodía del FAOT 2020 fue estrictamente instrumental y, esta vez, tuvo un interesante enfoque académico. Se presentaron cuatro jóvenes pianistas en un programa sustentado en obras para teclado de únicamente dos compositores, Haydn y Chopin, lo que impartió a la sesión un interesante grado de homogeneidad; es bien sabido que este tipo de recitales/muestra suelen ser programados a partir de una variedad a veces demasiado ecléctica de música. Daniel Isaac Ruiz Moreno, César Daniel Quiroz Flores, Moisés Roberto García Villanueva y Jesús Alberto Mascareño Verduzco (quienes tocaron en ese orden) tienen algo en común, y ese fue, por así decirlo, el motivo conductor de la sesión: todos tienen como profesor al maestro Pedro Vega. Si la música de Haydn (unas variaciones y una sonata) interpretada por el primero de ellos fue extraída de una región poco complicada (pero igualmente exigente) del catálogo del compositor austriaco, los otros tres jóvenes pianistas abordaron obras más complejas y demandantes de dos áreas particulares de la producción chopiniana: un scherzo y cuatro estudios. Seriedad, concentración, atención al material interpretado, fueron las cualidades básicas de la presentación de los cuatro ejecutantes, todos ellos apenas en el umbral de sus veinte años. Precisamente a causa esa cuota de juventud, fue posible percibir que los incipientes pianistas están todavía muy atentos a las notas, y todavía no del todo volcados en el contenido expresivo de la música que contienen. Así, se enfrentaron a ciertos obstáculos técnicos, sobre todo en las obras de Chopin, que sin duda fueron detectados por los propios ejecutantes, quienes tienen tarea pendiente en el perfeccionamiento de las obras elegidas para este recital. Y sí, ahí estaba, observando y escuchando atento a sus pupilos, el maestro Pedro Vega. De este hecho surge la observación principal, necesariamente hipotética, sobre este recital de corte netamente académico: sería de enorme interés, si fuera posible, que quienes escuchamos este recital de jóvenes pianistas pudiéramos asistir como oyentes a la sesión de análisis y comentario posterior al recital, a cargo del tutor de los cuatro, sesión que sin duda ya ha ocurrido u ocurrirá en el futuro muy cercano. Tal posibilidad abriría la fascinante opción de que los melómanos pudiéramos acercarnos al verdadero concepto del taller musical, con una inmediatez que en general nos está vedada.

En la gala nocturna, realizada igual que la vespertina en el Palacio Municipal de Álamos, se llevó a cabo uno de los eventos más tradicionales, y esperados, de cada FAOT: la Noche de la Universidad de Sonora, un recital operístico a piano que tuvo como uno de sus principales atractivos el hecho de que en el escenario estuvieron representadas cuatro de las tesituras vocales básicas, en las personas de la soprano María Li, la mezzosoprano Liliana Dosamantes, el tenor Salvador Villanueva y el barítono Isaac Herrera, quienes cantaron con el acompañamiento pianístico del experimentado Héctor Acosta. El repertorio, bastante apegado a lo usual en este tipo de recitales, pasó por la canción italiana, el bel canto, una buena dosis de ópera francesa, algo de opera buffa, un toque de Puccini y varios números de zarzuela. Como suele ocurrir cuando de jóvenes cantantes en proceso de formación se trata, comenzaron un poco fríos, quizá tensos, pugnando por hallar el centro de sus respectivas voces, pero fueron superando los problemas iniciales a medida que el recital avanzó. El punto de inflexión para que los cuatro cantantes de la UNISON soltaran amarras fue una divertida y fluida ejecución del dúo Voglio dire de El elíxir de amor de Donizetti, cantado con convicción y desparpajo por Salvador Villanueva e Isaac Herrera. En lo general, fue posible escuchar que los cantantes se sintieron mutuamente protegidos en los ensambles que interpretaron, lo que dio como resultado algunos buenos momentos en el canto compartido. De atractivo especial, la inclusión de un aria de Edgar, una de las más tempranas, menos conocidas y difundidas óperas de Puccini, bien cantada con estilo verista temprano por Isaac Herrera. Los cuatro últimos números del programa fueron solos y ensambles de zarzuela (Moreno Torroba, Guerrero, Penella), y en ellos se apreció que este género, que se ha vuelto usual en las galas del FAOT, les queda cómodo a los jóvenes cantantes. De especial atractivo para el público fue la inclusión de uno de los más hermosos dúos operísticos, Viens Mallika, de la ópera Lakmé de Delibes, a cargo de María Li y Liliana Dosamantes. El resultado fue atractivo en general, y muy apreciado, aunque ambas podrían trabajar un poco más el balance dinámico de sus voces para ayudar a la pureza de la hermosa armonía creada por el compositor francés. No está de más meditar en el hecho de que, siendo estos jóvenes el futuro del canto en Sonora, preparados en Sonora, y presentados en el más importante festival de su género precisamente en Álamos, el público no se haya acercado de manera abundante, si no ya por la curiosidad de atestiguar el incipiente progreso de estas voces jóvenes, al menos para demostrar su apoyo solidario al talento local. Hablando de solidaridad, qué bien que el rector de la Universidad de Sonora haya venido al FAOT a estar en primera fila para escuchar a Li, Dosamantes, Villanueva y Herrera quienes son, finalmente, sus alumnos, sus protegidos, su responsabilidad. Sin duda, mucho podemos aprender todos de este gesto.     



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