Rosa Dávila y Ramón Vargas, majestuosos en el FAOT 2020

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Juan Arturo Brennan
En el segundo día de actividades del FAOT No. 36, la gala de mediodía en el Palacio Municipal fue protagonizada por la joven y enjundiosa soprano sonorense Rosa Dávila, nombrada Talento Joven en Canto Operístico para este año. De entrada, se le agradece la presentación de un programa que en general transitó por rutas poco usuales en este tipo de recitales; no cualquier cantante arma un repertorio con fragmentos de óperas como Louise de Charpentier, Le villi de Puccini, El cuento del Zar Saltán de Rimski-Korsakov o I masnadieri de Verdi. Sobre todo en la primera parte de su recital, Rosa Dávila demostró, por un lado, que le sienta bien la coloratura, y que se siente a gusto y centrada en las arias turbulentas y apasionadas. Faltaba ver y escuchar cómo podría abordar una dinámica vocal y dramática más lírica y pausada y, sobre todo con el aria Depuis le jour de Charpentier, demostró que ese tipo de expresión tampoco le es ajeno, y que puede dominarlo con credibilidad. Otro acierto en el programa propuesto por Rosa Dávila fue la variada combinación de músicas en lenguas distintas: francés, italiano, ruso, inglés, alemán. Esto puede parecer una perogrullada, pero es bien sabido que muchos de nuestros cantantes sufren cuando se salen de la zona de confort del italiano operístico usual. No así la soprano originaria de Magdalena de Kino, quien transitó con prestancia entre un idioma y otro. Observación final sobre este buen recital de mediodía: aun en el formato limitado de concierto operístico, Rosa Dávila dio muestras de que puede ser una buena actriz sobre un escenario de ópera. Ojalá haya oportunidad de verla y escucharla pronto en ese formato más completo.

Por la noche, el Palacio Municipal fue sede también de la gala nocturna, con el que sin duda fue el recital más esperado de este FAOT XXXVI: el notable tenor mexicano Ramón Vargas, con el joven y talentoso Iván López Reynoso al frente de la Orquesta Filarmónica de Sonora. La ocasión celebrada con este recital fue la Medalla Alfonso Ortiz Tirado 2020, otorgada en ceremonia previa a Ramón Vargas. Como él mismo lo dijo el día anterior al recital, el cantante armó un programa conformado con el pan y mantequilla básicos de su repertorio de los últimos años, transitando del bel canto (Mozart, Donizetti) a la ópera romántica (Cilea, Verdi) y complementando toda esta ópera con ejemplos de otras tres áreas de la música vocal que también le son cercanas: la canción napolitana, la canción mexicana de concierto y la zarzuela. A la usanza tradicional de este tipo de recitales, la OFS interpretó algunas piezas sinfónicas a manera de preludios e interludios en el contexto de las arias y canciones elegidas por Ramón Vargas. En esas piezas fue posible percibir dos cosas: que la orquesta sigue progresando en su trabajo de equipo y en la calidad de su sonido, si bien faltan algunas aristas puntuales por pulir. El buen rendimiento de la orquesta sonorense se debió sin duda, en buena medida, a la batuta de Iván López Reynoso, quien mostró comprensión estilística en sus versiones a obras de Mozart, Donizetti, Verdi y Márquez. Especialmente destacado, su manejo de los cambios de tempo en el famoso Danzón No. 2 de Arturo Márquez. En la parte vocal de este sólido recital, Ramón Vargas continuó con toda fluidez la transparencia planteada por director y orquesta en la obertura a Las bodas de Fígaro en su diáfana interpretación de un aria de Don Giovanni. Después de Mozart, el tenor abordó el siguiente paso en el desarrollo del bel canto, con un aria dolorida de El duque de Alba y su emblemática versión al aria Una furtiva lágrima de El elíxir de amor, ambas de Donizetti. Al escuchar a Vargas cantando esta última pieza, se entiende claramente por qué el personaje de Nemorino le ha rendido tantos y tan bien justificados reconocimientos en todo el mundo. De ahí, Ramón Vargas efectuó una interesante transición a la combinación de romanticismo y verismo de la música de Francesco Cilea (de su ópera La arlesiana) para después dar marcha cronológica atrás y abordar con profundidad y potencia un aria de I due Foscari de Verdi, compositor particularmente cercano en esta etapa de su carrera al tenor galardonado. Y después de Verdi, ¡venga lo popular! Ramón Vargas cantó hermosamente una canción napolitana de Salvatore Cardillo sin apócrifos tics mafiosos, y en la subsecuente Despedida de María Grever lució un registro grave muy amplio de sonido muy bien anclado. Concluyó la parte oficial de su recital marcando muy bien los contrastes emotivos y expresivos de la famosa aria No puede ser de La tabernera del puerto de Sorozábal, con atención tanto al estilo propio de la zarzuela como al cambiante estado de ánimo delo protagonista. De regalo, una sabrosa versión de Bésame mucho (Consuelo Velázquez, arreglo de Arturo Márquez) con algunos adornos extra muy bien colocados, y un postrer homenaje al desaparecido José José con su emblemática rola El triste. Bien cantada, pues, y bien celebrada la Medalla Alfonso Ortiz Tirado, por un Ramón Vargas en un interesante y bien cimentado punto de madurez en su carrera. Destacado también el trabajo de acompañamiento de Iván López Reynoso, quien nunca le echó encima a la orquesta y trabajó siempre en pro de la voz; ello habla de la buena asimilación de las enseñanzas de su carrera operística, ya respetable.

En el ámbito de lo práctico, queda una duda en el aire: en la gala inaugural del FAOT estuvo presente el supertitulaje, pero no en el recital de Ramón Vargas. Sería interesante saber si hay una política unificada al respecto en este FAOT 2020, que ha iniciado con dos muy buenos recitales, muy distintos entre sí y muy satisfactorios.



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