Basura celeste: Un libro difícil de clasificar

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Por Ricardo Solís

Hace no mucho que, desde los estantes de la librería, llamaba mi atención un libro cuyo título me sonaba tan raro como atractivo y que, incluido en una colección que –se dice– coordina Leila Guerriero, prometía reafirmar mi adhesión a la idea de que el buen periodismo es asimismo literatura; recibí el mentado volumen esta Navidad, como regalo y, después de leerlo, confirmo que Los crímenes de Moisés Ville: una historia de gauchos y judíos (Tusquets Editores, 2016), del periodista argentino Javier Sinay (Buenos Aires, 1980), es un trabajo que deslumbra a pesar de tener sus zonas oscuras y que, además, puede servir de guía para la labor de quienes asumen la vocación de informar a la luz de la investigación y el compromiso con la verdad.

Ahora, si bien se trata de un extenso documento periodístico, este libro de Sinay se lee mucho mejor como un prolongado relato que surge de la curiosidad profesional y familiar para conducirnos por sucesivas revelaciones que permiten una mejor comprensión del propio oficio, la historia de la migración judía que llega a la Argentina desde el siglo XIX y lo que significa la responsabilidad cuando rebasa las fronteras de lo social y se torna asunto vital, definitivo.

Todo comienza con el hallazgo que hace el autor de un artículo titulado “Las primeras víctimas judías en Moisés Ville”, escrito por su bisabuelo (Mijl Hacohen Sinay) quien, encima de todo, ejerció el periodismo como él. Así, el texto encontrado habla de 22 asesinatos que ocurrieron entre 1889 y la primera década del siglo XX en la provincia de Santa Fé, a donde llegaron colonos judíos desde Ucrania que huían de la represión del régimen zarista.

Como puede sospecharse, en este libro se explora la complicada y muy difícil relación entre los gauchos y los judíos recién llegados, pero por igual significa una inmersión en el universo familiar que permite a Javier Sinay “recobrar” parte de su memoria ancestral, marcada no sólo por aquella generación de migrantes sino por la decisión de su bisabuelo para fundar lo que sería el primer periódico judío en Argentina (llamado Der Viderkol, que significa El Eco), escrito completamente en ídish (o yidis, también conocido como juedoalemán, es decir, la lengua de las comunidades judías asquenazíes asentadas en lo que hoy es Europa del Este).

En estos términos, no únicamente debió Sinay visitar el pueblo de Moisés Ville en repetidas ocasiones sino, de igual forma, revisar archivos antiguos y enfrentar la destrucción o el olvido de numerosos documentos que algunas instituciones judías pelean por preservar; por si fuera poco, hubo de tomar clases de ídish, contratar a un detective para rastrear (sin éxito) el viejo diario fundado por su bisabuelo y confrontar las posibles “motivaciones” tras la redacción de un artículo que incluía descripciones terribles pero también “errores” diversos que complicaban su labor.

Como resultado, lo que ofrece Los crímenes de Moisés Ville es un dilatado retrato de una época marcada por la violencia y cómo fue enfrentada por una comunidad de migrantes que dejó (y mantiene) su impronta cultural en Argentina; por otra parte, el registro que hace Sinay de sus pesquisas y sucesivos descubrimientos nos coloca ante un profesional que cuestiona su vocación y redescubre sus vínculos con el pasado familiar y comunitario. Por último, algo fundamental, este libro nos demuestra que “la verdad” puede conformarse de un sustrato diverso y denso que no siempre encuentra apoyo documental para probarse, pero se prueba.




Ricardo Solís (Navojoa, Sonora, 1970). Realizó estudios de Derecho y Literaturas Hispánicas en la Universidad de Sonora. Ha colaborado en distintos medios locales y nacionales. Ganador de diferentes premios nacionales de poesía y autor de algunos poemarios. Fue reportero de la sección Cultura para La Jornada Jalisco y El Informador. Actualmente trabaja para el gobierno municipal de Zapopan.


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