Basura celeste: El maestro habla de su trabajo

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Por Ricardo Solís
Para todos aquellos que se han visto motivados por la obra del célebre escritor, filósofo y académico Umberto Eco (1932-2016) para emprender una profesión vinculada a las Letras o dedicarse a la escritura de novelas, un libro como Confesiones de un joven novelista (Lumen, 2011) no representará sino un atractivo muestrario de las ideas del profesor italiano respecto de su obra literaria; de hecho, se trata de la edición de las prestigiosas conferencias Richard Ellmann que pronunció en el Harvard College el autor de El nombre de la rosa y, como tales, pueden leerse como cuatro ensayos en los que refiere desde los motivos que le llevaron a la escritura creativa hasta sus consideraciones en torno a los personajes de ficción.

Hace casi ocho años que apareció en español este libro (bajo la traducción de Guillem Sans Mora) y, como entonces, parece existir un consenso relativo entre los comentaristas de la publicación acerca de lo “confuso” que resulta pues, a pesar de que fuera algo “deliberado”, lejos de aportar dinamismo y ligereza a las reflexiones de Eco, más bien da la impresión de volver pesada su prosa, con todo y que su auditorio debió estar conformado por maestros y estudiantes universitarios.




Ahora, si se consigna que Confesiones de un joven novelista –cuyo título, como otros tantos, juega con el del ya conocido volumen compilatorio de Rilke– es un libro que agradará a los “entusiastas” de la obra de Eco es porque, después de partir de la “broma” que el propio autor explica para justificar su carácter de “joven novelista”, estas conferencias se apoyan en numerosas referencias a sus tan reconocidas como reconocibles novelas (seis de ellas, al momento en que se publicó este volumen), casi de forma exclusiva.

Desde el comienzo, el autor se embarca en detallar –no sin recordar algunas cosas que ya había consignado en las Apostillas que incluyó en recientes ediciones de su primera novela– lo que le llevó a la escritura creativa y “descubrir” que, para él, el desafío más arduo y de mayor importancia consiste en la construcción de un “universo narrativo” en el que confluyen personajes, escenarios, objetos y eventos (y que, en el caso de Eco, implica una labor suprema de investigación y fijación de detalles que bien podría desanimar a algunos aspirantes a escritores).




Después, Eco se detiene en lo que considera el “poder” de la literatura y los personajes de ficción para “integrarse” al sistema de nociones que conforman la realidad material de los lectores, un ejercicio notable para el cual se apoya, sobre todo, en Ana Karenina y Emma Bovary (sin que ello elimine a aquellos “caros” ejemplos a que nos tiene acostumbrados, como los que surgen de la pluma de Cervantes, Dumas o Conan Doyle).

En la última sección del libro, que aborda su afición (y la de otros autores) a las “listas” como herramienta narrativa, la profusión afecta la eficacia de sus ejemplos y no sería improbable que un lector poco paciente abandonara el breve libro (que apenas pasa las 200 páginas). Y, sin embargo, estas Confesiones de un joven novelista no dejan de tener momentos de franco divertimento y lecciones prácticas de mucha utilidad para cualquier escritor, no hay que olvidar que Eco, cuando quiere, resulta un maestro que combina de forma acertada su erudición con el humor.




Ricardo Solís (Navojoa, Sonora, 1970). Realizó estudios de Derecho y Literaturas Hispánicas en la Universidad de Sonora. Ha colaborado en distintos medios locales y nacionales. Ganador de diferentes premios nacionales de poesía y autor de algunos poemarios. Fue reportero de la sección Cultura para La Jornada Jalisco y El Informador. Actualmente trabaja para el gobierno municipal de Zapopan.


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