Descanse en paz, Francisco Toledo

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Por Karla Valenzuela
Ayer, a los 79 años, dejó de existir uno de los creadores más relevantes del México moderno, el escultor, pintor, grabador y fundador del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, Francisco Toledo.

Tras su muerte, todos los mexicanos debemos estar de luto. Él fue, además, uno de los más aferrados promotores de la cultura nacional en el extranjero y uno de los intelectuales más críticos de nuestra actualidad.



Siempre preocupado por la injusticia, por la inseguridad y el miedo que aqueja a la sociedad, durante toda su vida, Toledo estaba acostumbrado a la rebeldía, a la libertad de expresar lo que pensaba y sentía, y lo hizo hasta el último momento.

Su obra lo delata y sus acciones constantes lo instauran como un impulsor incansable de la cultura mexicana.

Él nació para ser artista. Desde temprana edad, fue becario en el taller de Stanley Hayter en París, entre 1960 y 1965, y para 1963 ya exponía en galerías célebres de Europa, como en la Tate Gallery de Londres – incluso, en una muestra cuyo catálogo escribió Henry Miller-. Expuso también en Nueva York, y con todo y sus técnicas antiguas y su alusión constante a los símbolos prehispánicos fue abriéndose paso en todo el mundo.



 

¿Cómo olvidar su trabajo, mano a mano, en la reconstrucción de las casas dañadas en Oaxaca tras el sismo de 2017? ¿cómo olvidar su encanto al hablar tan severamente del México que quería, de la paz que anhelaba para el país y de su enorme apego al cuidado del patrimonio artístico y cultural y, por supuesto, también al cuidado del medio ambiente.

Descanse en paz el gran Francisco Toledo, que vivirá para la eternidad a través de su obra.



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