Basura celeste: El caos de las vivencias sepultadas

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Por Ricardo Solís
Resulta prácticamente imposible encontrar a alguien que no esté familiarizado con el famoso meme que hace uso de un segmento de la película Downfall (La caída, Alemania, 2004), de Oliver Hirshbiegel, un dato que viene a cuento porque dicho largometraje se basa en el libro homónimo del historiador y periodista alemán Joachim Fest (1926-2006), el mismo que publicó –poco antes de morir– el peculiar libro de memorias Yo no: El rechazo del nazismo como actitud moral (Taurus, 2017), un recuento de su vida como niño y adolescente en un país inmerso en un cambio de régimen que marcaría ominosamente el futuro del mundo.

Debe recordarse que, en el momento que Adolfo Hitler asume el poder en Alemania (1933), Fest es apenas un niño de siete años que, en la última etapa de su existencia, recuerda su entorno familiar y el modo en que se reflejan en ella las condiciones sociales de esa época; por ello, no es de extrañar que sea constante su recelo ante las capacidades de la memoria pues, siempre falible, “está trabajando sin cesar, aparta algunas cosas, las sustituye por otras o las cubre con nuevas experiencias” (sin que esto le detenga su escritura).




El libro, en este sentido, lo dedica a sus padres, quienes encarnaron el ejemplo del joven que fue y representan dos puntos de vista complementarios pero asimismo antagónicos respecto a cómo reaccionaron ante lo que la transformación de la nación trajo como consecuencia: el despido del padre (maestro titular en una escuela y un exaltado defensor del viejo régimen) y la resignada fortaleza de una madre que se volcó en la protección de sus cinco hijos.

Ahora, si bien los Fest eran católicos, no debe limitarse a dicho aspecto la entereza moral que rescata el autor de sus padres y que definirá su proceder, en especial durante los años en los que el nacionalsocialismo montaba las bases de un adoctrinamiento que habría de “unir” a un país devastado tras el fin de la primera Gran Guerra. Si una deuda se vuelve evidente al avanzar en estas páginas es la que el naciente historiador reconoce para con la literatura que cimentó su formación y sirvió para que reconociera la irracional demagogia, el acoso ideológico y el sinsentido formativo impulsado por un partido que, como ocurre con toda organización política victoriosa, se llenó rápidamente de “oportunistas”.




Para Joachim Fest, la convicción moral de su padre raya en la heroicidad pero, de igual modo, no deja de reconocer cierta testarudez en alguien que fue capaz de renunciar a sus privilegios ante la presión del Estado y condenar a la familia a la precariedad, a una situación para la que –en palabras de Goethe– “todos los consuelos son indignos/ y la desesperación es obligación” (y vale señalar que, en opinión del autor, citar a Goethe es una manera de contrarrestar la incapacidad de una élite cultural que no supo hacer frente a la aplanadora populista de los nazis).

Finalmente, habría que apuntar que lo atípico de estas memorias es que la perspectiva no es única y quien evoca y refiere se permite “compartir” su punto de vista con los otros (en especial su padre). Fest no deja de recordar (y recordarnos) que a pesar de los numerosos intentos que se emprendan para “dejar atrás” el pasado, de alguna forma pueden “encontrarnos” en algún instante por venir, aunque el testimonio no corresponda a lo vivido, “sino lo que el tiempo, el cambio de perspectiva y la propia voluntad que se imprime a las formas han hecho en el caos de las vivencias medio sepultadas”. Con todo, de eso se trata, de exhumar vivencias para dar constancia de una vida.




Ricardo Solís (Navojoa, Sonora, 1970). Realizó estudios de Derecho y Literaturas Hispánicas en la Universidad de Sonora. Ha colaborado en distintos medios locales y nacionales. Ganador de diferentes premios nacionales de poesía y autor de algunos poemarios. Fue reportero de la sección Cultura para La Jornada Jalisco y El Informador. Actualmente trabaja para el gobierno municipal de Zapopan.


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