Basura celeste: Un excelente debut novelístico

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Por Ricardo Solís
El escritor mexicano Oscar de Pablo hizo su primera incursión en el género novelístico con El hábito de la noche (Ediciones B, 2011), una historia que, desarrollada en la Francia rural del siglo XVIII, contrapone en una trama de suspenso y fantasmagoría las diferentes posturas analíticas en torno a un fenómeno en apariencia inexplicable: la muerte de una joven religiosa que se vincula con una oscura leyenda.

En este sentido, cuando salió a la venta, el libro se promocionó como una suerte de novela con estructura policial, aunque El hábito de la noche comparte rasgos más con el tipo de historias que exploran las relaciones de la fantasía con el universo de lo real en términos de la lógica racional, de ahí que su personaje central sea un “filósofo” directamente emanado de la escuela “voltaireana” que, en busca de garantizar su prestigio, logra –en cambio– ser recluido en La Bastilla, firmando lo que será su obra fundamental justo antes de que estalle la Revolución Francesa, tras haber vivido la aventura de su vida y comprometido sus conocimientos de cara a una situación que, en un principio, no sabe cómo enfrentar y que, casi, le trastoca los sesos para, después de todo, verse obligado a ofrecer una explicación “satisfactoria” en los términos a que la Compañía de Jesús le fuerza, elegantemente, a cumplir.



Por otra parte, aunque no escapa a cierta esquematización respecto de sus personajes (sin llegar a ser una “novela de tesis”), la narración tiene la virtud de poner en tela de juicio la limitada capacidad de la razón para enfrentar fenómenos cuya apariencia se resiste a ceder ante los argumentos, porque no se encuentran. Al final, la trama tiene una resolución sencilla que, tal vez, pudo preverse, aunque la tensión de la prosa es efectiva y convincente debido, en buena parte, a la capitulación breve y el no perder tiempo en abstrusas disquisiciones teóricas, puesto que los hechos definen el ritmo de los acontecimientos.

De Pablo no desconoce cómo ir develando un misterio de forma gradual y, además, ir brindando pista tras pista en el sentido “equivocado”, planteando la posibilidad de un sustrato sobrenatural para el misterio; de igual forma, acierta al no salvar a nadie y preferir una resolución cargada de motivos que se relacionan más con los intereses políticos al interior de la Iglesia y los dramas humanos que se desencadenan cuando en el seno mismo de la curia se dan, ocurren, se producen crímenes ominosos.



Al autor, que debutó en la narrativa con esta novela, comprende la lección de contrición y justeza que la poesía puede ofrecer (otros no tienen la misma suerte, justo es decir) para “hilar” con finura pero, como suele pasar, la edición de El hábito de la noche merecía mejor fortuna en lo que respecta a cómo fue publicada, en particular, por los frecuentes “errores” ortográficos que exhiben falta de cuidado en la revisión.

Finalmente, estamos frente a una novela que permite “dialogar” a distintas tradiciones y estructuras, lenguajes y posturas éticas frente al conocimiento, tomado desde los ángulos borrosos de la ciencia, la religión, la mitología y las tradiciones populares (sobre todo en una época donde todo eso convive en peligrosa tensión). Todo ello es más que bastante para recomendar su lectura.



Ricardo Solís (Navojoa, Sonora, 1970). Realizó estudios de Derecho y Literaturas Hispánicas en la Universidad de Sonora. Ha colaborado en distintos medios locales y nacionales. Ganador de diferentes premios nacionales de poesía y autor de algunos poemarios. Fue reportero de la sección Cultura para La Jornada Jalisco y El Informador. Actualmente trabaja para el gobierno municipal de Zapopan.


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