Basura celeste: Motivos para celebrar la reflexión y el humor

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Por Ricardo Solís
A pesar de que se publicó por primera vez en español hace más de tres décadas, el volumen Proust (Tusquets Editores, 2013), de Samuel Beckett, es un ensayo que apareció de nueva cuenta bajo el mismo sello acompañado de sus Tres diálogos con Georges Duthuit; de esta forma, se puso en circulación un libro que contiene dos textos donde se prefiguran, al referirse a la obra del francés, lo que con el tiempo se volverían cuestiones esenciales en la obra del autor de Malone muere, esto es, no sólo el tedio y el sufrimiento sino, también, lo que llamaba “el hábito de vivir”, condición que –en sus palabras– se impone siempre a la realidad y la vida.

El ensayo, que apareció originalmente en 1931, fue escrito por Beckett cuando se enteró que la editorial Chatto & Windus buscaba publicar un texto acerca del autor de A la busca del tiempo perdido (para hacer uso de la traducción de Mauro Armiño que publicó el sello Valdemar de 2001 a 2005, que es la que tomó como referencia para sus citas el traductor de este libro), aunque el irlandés se centró –aclara en su nota liminar– justamente en esta monumental obra y no en la vida (o la muerte, dice, ambas “legendarias”) de Marcel Proust.



De este modo, estableciendo un nexo directo con Schopenhauer, Beckett deja en claro en su Proust que el elemento radical de la obra del francés radica en la “deformación” que produce en los personajes “el ayer” (y en nosotros, como consecuencia), con su fardo “pesado y peligroso” y que no corresponde conceptualmente al pasado sino, al contrario, a una incorporación que ocurre en “el único mundo que tiene realidad e importancia”, esto es, el de “nuestra conciencia latente”.

Así, lo que sucede en la narración puede corresponder al intento incesante de “recuperar” aquello que forma parte de lo que el propio Proust llamó “memoria involuntaria” y que, en sus términos, siempre está “condicionada por la percepción” y se registra solamente a través de “nuestra extrema desatención”; por ello en el recuento de los hechos en la larga novela del francés se debe atender mucho más a lo aparentemente minúsculo o irrelevante y en eso buscar “el milagro” creativo que caracteriza al autor y su trabajo.



Por otra parte, publicados por primera ocasión en 1949 (en la revista Transition Forty-Nine), los Tres diálogos con Georges Duthuit, aunque ocurrieron en realidad, corresponden a un ejercicio de escritura en el que Beckett –a decir de los editores– expresa la “quintaescencia” de su pensamiento artístico, lo que quizá es exagerado pero tiene algo de verdad, puesto que, encabezados (cada uno) por el nombre de un pintor, representan conversaciones acerca de la obra y el quehacer plástico, pero también pueden verse como una reflexión (no exenta de humor) sobre el trabajo del artista y su actitud ante lo que hace.

En este sentido, las palabras de Beckett resuenan (en apenas 19 intensas páginas) en sus referencias a un arte que se aparte del “terreno de lo factible”, ante el cansancio que producen “sus magras proezas”, lo mismo que “de hacer lo mismo de siempre un poco mejor, de avanzar un poco más por un camino monótono”; de esta suerte, refiere con autoridad, “ser un artista es fracasar como nadie se atreve a fracasar” (¿le suena conocida esta frase?).

Finalmente, este Proust escrito por Beckett puede considerarse un texto con suficiente edad para despertar suspicacias en cualquier enfermo de catarros académicos, pero en el libro no faltan ecos de actualidad y (a pesar de la particular traducción) una muy saludable prosa ensayística que no desestima el humor, lo que ya sería motivo de fiesta.



Ricardo Solís (Navojoa, Sonora, 1970). Realizó estudios de Derecho y Literaturas Hispánicas en la Universidad de Sonora. Ha colaborado en distintos medios locales y nacionales. Ganador de diferentes premios nacionales de poesía y autor de algunos poemarios. Fue reportero de la sección Cultura para La Jornada Jalisco y El Informador. Actualmente trabaja para el gobierno municipal de Zapopan.


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