Basura celeste: Juventud, talento y trabajo que no defraudan

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Por Ricardo Solís
La escritora italiana Francesca Petrizzo se hizo presente en las librerías de nuestro país, hace tiempo, con la novela que marcó su debut como narradora, Memorias de una zorra (Ediciones B, 2011), donde el personaje central es la mismísima Helena de Troya quien, como rezó la publicidad de la obra, “por primera ocasión tomó la voz” para relatar por sí misma el mítico periplo de grandeza e infortunio que corresponde a la mujer por cuya causa se libró la más conocida de todas las guerras.

Así, a pesar de su juventud –nació en 1990–, Petrizzo consiguió cierto reconocimiento crítico en varios países gracias a esta novela (la cual publicó en su país natal en 2009, antes de cumplir los 20 años de edad) que, por lo menos en España y Latinoamérica, se ha visto relativamente desfavorecido gracias a una edición que quizá, en términos visuales, hace pensar más en un best seller que en un libro que pueda, de acuerdo con el prejuicio habitual de la crítica institucionalizada, considerarse como “serio”.



Con todo, no deja la autora de exhibir admirables condiciones como narradora. En primer lugar, no es habitual encontrar un escritor tan joven que consiga mantener su tono lírico a lo largo de poco menos de 300 páginas, una suerte de proeza que demanda la infrecuente combinación de trabajo y talento; en segundo lugar, aunque no representa una completa virtud, el punto de vista impera sobre las diversas tradiciones que, desde la antigüedad clásica, determinan las diferentes historias en las que Helena, primero de Esparta y finalmente de Troya, es protagonista.

Por supuesto, no afecta, para lo que significa la novela, que el peso del personaje deje un poco de lado el tópico de la belleza por una dimensión mucho más humana, más cercana a la condición “de mujer” en Helena y en sus conflictivas relaciones con sucesivos varones; por otra parte, tampoco incide demasiado que se “altere” o modifique la narración homérica tradicional, traer “a tierra” a la protagonista implica disminuir la probable presencia de deidades o, todavía, la supresión o modificación de escenas determinadas por la tradición (un claro ejemplo de ello: Aquiles no “secuestra” el cuerpo de Héctor al derrotarlo y arrebatarle la vida y, por ende, Príamo no entra jamás en contacto con el de “los pies ligeros” y, con ello, puede quedar para el lector la sensación de que la autora se toma excesivas libertades pero, después de todo, ¿no es esa una de las características de la novela contemporánea?).



Francesca Petrizzo se describe a sí misma, si creemos a la solapa del libro, como alguien que se ha dedicado a la lectura en medida superlativa; después de leer Memorias de una zorra, se puede confiar en su aseveración y, además, mantener la fe en que es posible aún encontrar narradores cuya solvencia y efectividad rebase el nivel de lo meramente tolerable.

Memorias de una zorra puede no ser (de hecho, no lo es, ni con mucho) la novela que el mundo esperaba, pero no incumple y sí consigue mantener al lector en una expectativa que muchos no logran (ni siquiera algunos “grandes nombres” dentro del panorama literario actual). La novela de Petrizzo no decepciona, y eso es más que suficiente hoy día.



Ricardo Solís (Navojoa, Sonora, 1970). Realizó estudios de Derecho y Literaturas Hispánicas en la Universidad de Sonora. Ha colaborado en distintos medios locales y nacionales. Ganador de diferentes premios nacionales de poesía y autor de algunos poemarios. Fue reportero de la sección Cultura para La Jornada Jalisco y El Informador. Actualmente trabaja para el gobierno municipal de Zapopan.


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