Basura celeste: Una lectura renovada y contextual

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Por Ricardo Solís
El poeta y ensayista mexicano Víctor Manuel Mendiola publicó no hace mucho el libro El surrealismo de Piedra de sol, entre peras y manzanas (Fondo de Cultura Económica, 2011) y, con ello, despertó un eco crítico importante; no solamente por merecer el calificativo de “esclarecedor” por parte de José Emilio Pacheco sino, además, por enfocar sus pesquisas en el “recibimiento” del poema de Paz –que se publicó en 1957– en una época marcada en nuestro país por la “hostilidad” hacia el surrealismo, aportando en este terreno datos y detalles que, como bien apuntó el autor de Morirás lejos, “por descuido o ignorancia habíamos pasado por alto”.

Así, bajo la clara premisa de que Piedra de sol es “una obra que sólo se entiende en el contexto de la tradición literaria mexicana”, lo que hace el autor es ubicarnos, precisamente, en dicho contexto. Publicado el poema en la década de los cincuenta, para su ensayo Mendiola se sirve de la pesquisa bibliográfica y el testimonio de aquellos que tomaron parte en la vida intelectual que, por aquellos años, estuvo plagada de una actividad fuera de lo común respecto del pasado reciente.




De esta forma, pensando en la figura del autor de La estación violenta, su trabajo cosechaba –ya entonces– lo mismo “simpatías y adhesiones” que, aclara Mendiola, “distancia y hostilidad”. De regreso del extranjero, un Paz entusiasmado llega a un país con una fauna intelectual y artística que, con todo y sus pretensiones cosmopolitas (que compartía Paz) aunadas al extendido nacionalismo, montaba encendidos debates en la prensa, a la menor provocación (no en balde el capítulo en que se describe dicho ambiente se titula “El rancho grande”).

Por otra parte, Piedra de sol –señala el autor– se ubicaba, al aparecer, ante una “disputa” precedente que, siguiendo el texto, resulta la nula respuesta ante la publicación de ¿Águila o sol? (en 1951), del nativo de Mixcoac, un silencio que se liga no solamente a las características notables del largo poema de 1957 sino, también, a las “modificaciones” que sufre El arco y la lira (de 1955), el ensayo de Paz en el que pone “de manifiesto” su filiación al surrealismo, detalle que aquí tiene mucho que ver, en el sentido de que las críticas al largo poema de Paz se centraron, precisamente, en descalificar su carácter “surrealista”.




Fue a través de las revistas que el poema de Paz fue “atacado”, entre otros, por escritores como Elías Nandino y, aunque no del todo, Tomás Segovia, bajo el “argumento” de que el poeta no se comprometía ante el estado de cosas del mundo, al que respondía solamente “con diluvios de fantasía” (la frase es del jalisciense y, por supuesto, permite ver cuál era su “idea” acerca del surrealismo).

En todo caso, Piedra de sol libra con creces la batalla por su justa apreciación (defensores, incluso entusiastas, no faltaron; uno de ellos, un joven José Emilio Pacheco) y eso hace que el libro de Mendiola cumpla mucho más con una especie de “reivindicación” para con ¿Águila o sol? que, siendo un libro notable, resultó una “víctima” (valga el término) del desdén crítico por parte de quienes detentaban el poder sobre los espacios de discusión y comentarios de carácter cultural en México (que en aquella época es casi decir: solamente en la Ciudad de México).




Y es en estos términos que la obra de Paz adquiere un peso significativo y unidad (durante dicho periodo), no únicamente porque –como ocurre en este libro de Mendiola– se dé un espacio para discutir acerca de la importancia del poema en prosa y el enriquecimiento del que provee al verso sino, también, porque haciendo eco del título (que proviene de una de las “críticas” al poema y en el que se prefigura un ensayo posterior del propio Paz), Mendiola establece con justeza que “las peras del olmo no anulan a las manzanas doradas”, esto es, en el poema no se desestima un posicionamiento estético determinado, antes bien, se acerca de manera crítica a las tendencias que oponían tanto quienes atacaron como quienes defendieron a Piedra de sol que, a querer y no, es hoy por hoy una de las cimas de la tradición contemporánea de la poesía mexicana, un poema en que se da una lucha, la que “en la entraña de todo lenguaje” entablan –dice Paz en El arco y la lira– “prosa y poesía, razón y ritmo, oración e imagen”.

Cerca del final, cuando se hace un detenido análisis del extenso poema solar, Mendiola se detiene en la tradición poética mexicana para destacar en ella que, como “historia ondulante, pero real”, es una que “incorpora pero también separa y desecha”, no es inercia ni hábito, introduce y traduce “elementos exteriores”; por eso es que “las posturas localistas o nacionalistas son formas aberrantes” que no alcanzan a entender “la singularidad” de este legado. Nada mal para un penúltimo capítulo que sería de utilidad para cualquier poeta en ciernes.




Finalmente, el libro de Mendiola contiene una cronología en que por primera vez se hace señalamiento puntual de los aspectos “autobiográficos” de Piedra de sol, asimismo, se añade una no muy extensa –pero sí precisa– bibliografía, a través de la cual no deja el autor de brindar su reconocimiento a la labor de Hugo J. Verani y Ramón Xirau (cuyo texto de 1958 acerca del poema es definitorio y sienta precedente).

Sin duda, este trabajo de Mendiola significa una síntesis crítica de poco más de cinco décadas “de incesantes lecturas” pero, además, consigue que Piedra de sol no pierda su grado de “apertura” para otro tipo de impresiones, perspectivas o interpretaciones. Y, después de todo, no es tanto recuperar algo “pasado por alto” lo que hace a este volumen singular, sino permitirnos apreciar la manera “conveniente” en que –como prueba el autor– la tradición es percibida por aquellos que, de modo continuo, han leído el célebre poema de Paz a lo largo del tiempo.




Ricardo Solís (Navojoa, Sonora, 1970). Realizó estudios de Derecho y Literaturas Hispánicas en la Universidad de Sonora. Ha colaborado en distintos medios locales y nacionales. Ganador de diferentes premios nacionales de poesía y autor de algunos poemarios. Fue reportero de la sección Cultura para La Jornada Jalisco y El Informador. Actualmente trabaja para el gobierno municipal de Zapopan.


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