Basura celeste: Traición y culpa en el Renacimiento

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Por Ricardo Solís
En la novela La muerte de Venus (Ediciones B, 2011), del escritor español Luis Racionero (Lérida, 1940), se exploran los alcances de la traición, la venganza y la culpa a través de un episodio de la vida del pintor Sandro Boticelli, en un entorno que involucra la Florencia de los Médicis e “invadiendo” un espacio social y un periodo histórico en los que se perfilaba el Renacimiento y se anunciaba la caída de la más famosa “ciudad-estado” del siglo XV.

De hecho, si el lector es amante de la novela histórica y, especialmente, del desarrollo sociocultural en Occidente, esta novela puede serle de interés y, quizá, le despierte suspicacia. Lo anterior, porque aunque parezca pertinente, quizá no sea del todo verosímil que concurran junto al ya mencionado Boticelli –a lo largo de una historia que se desencadena por una atracción amorosa y en distintos puntos dialógicos de la trama– personajes como Amérigo Vespuci, Leonardo Da Vinci, Piero di Cosimo, Lorenzo de Médicis, Girolamo Savonarola o Maquiavelo, por citar sólo algunas célebres “luminarias” del quattrocento italiano, entre otros artistas, científicos, pensadores, religiosos y hombres de poder.




Dividida en dos libros, la novela de Racionero encarna, primero, la narración de un engaño que desemboca en la muerte de Simonetta Vespuci, que sirvió de modelo para algunos de los cuadros más famosos de esa época pero que, en este caso, encarna como la Venus que inmortalizara Boticelli, a quien se pinta como personaje determinante en un atentado contra los Médicis que cuesta la vida al hermano de Lorenzo (quien le había “traicionado”, al tener amoríos con Simonetta a sus espaldas).

Pero, con todo, es la segunda parte de la historia la que da cuerpo al volumen. Trata aquí de la venganza que lleva a los sabuesos pagados por los Médicis –entre los que se encontrará, quién lo diría, el mismísimo Leonardo Da Vinci– hasta Bizancio, para dar con uno de los conspiradores evadidos. Es en este segundo libro donde, gracias a la intriga de corte (casi) policial, que también se devela el papel de “conspirador” de Boticelli, quien acaba sus días agobiado por la culpa y destruye algunas de sus propias obras en la hoguera de los fanáticos azuzados por Savonarola.




En este sentido, aunque el título se explica a sí mismo cuando concluye el primer libro, la novela incrementa su calidad y abandona la circunscripción en el drama del triángulo amoroso para, proyectándose hasta las más abyectas intrigas por el control político y económico de Europa, convertirse en un relato que busca “humanizar” a algunos de los paladines históricos de la cultura occidental; y es justo decir “busca”, porque no siempre se logra dicho objetivo (aunque, seguramente, no haya tal, pensando que Racionero, como novelista, no requeriría de propósitos definidos en este sentido).

Finalmente, cabe no pasar por alto la familiaridad con la que el autor se desenvuelve por los vericuetos de una era en la que la ciencia y el arte, cobijadas por una burguesía que toma distancia del control eclesiástico y apuesta por el conocimiento, marcaron una tendencia que, hoy día, no ha sido abandonada: averiguar para saber, confiar en el sentir sin dejar de dudar.




Ricardo Solís (Navojoa, Sonora, 1970). Realizó estudios de Derecho y Literaturas Hispánicas en la Universidad de Sonora. Ha colaborado en distintos medios locales y nacionales. Ganador de diferentes premios nacionales de poesía y autor de algunos poemarios. Fue reportero de la sección Cultura para La Jornada Jalisco y El Informador. Actualmente trabaja para el gobierno municipal de Zapopan.


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