Basura celeste: La impureza de la mentira

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Por Ricardo Solís
La aclamada “novela” El impostor (Literatura Random House, 2014), del escritor español Javier Cercas (Cáceres, España, 1962), tiene como antecedente formal directo no Las leyes de la frontera (2012) sino, de manera más precisa, Anatomía de un instante (2009), ya que a pesar de que las tres obras cumplen con tomar de la realidad sus referentes primordiales, sólo aquellas historias donde Adolfo Suárez y Enric Marco son protagonistas responden al modelo de “no ficción” que anticipa el autor como un espacio de mayor riqueza evocativa que la “pura” ficción.

De esta forma, en El impostor no sólo se toma el escándalo suscitado por el catalán Enric Marco como pretexto para esgrimir una especie de biografía sino, más bien, se parte de la atracción por la impostura en sí como conducta, desde la cual pueden explorarse los datos que hacen posible desenmascarar a quien ha mentido para legitimar una determinada imagen pública o, también, el origen de un libro que Cercas no decidió encarar como proyecto desde el momento en que le surgió la idea, por la reticencia que le producía su “personaje”.




Primero que nada, si bien la odisea de Enric Marco (Barcelona, 1921) es la de alguien que decide otorgar “dignidad” a un pasado gris por medio de la mentira, las dimensiones de su escandalosa conducta tienen que ver con haberse hecho pasar no sólo como combatiente de la Guerra Civil, a eso sumó la exageración de su papel como sindicalista, su rol como dirigente de asociaciones de padres de familia vinculadas con la educación y, por si poco fuera, ostentarse como “sobreviviente” del campo de concentración de Mauthausen-Gusen durante la II Guerra Mundial.

Fue gracias al historiador Benito Bermejo que, primero, se descubrió que si bien estuvo preso en Alemania nunca fue en un campo de exterminio, lo que destapó el interés por averiguar aún más sobre el pasado de Marco y desató una larga serie de artículos de prensa donde se hablaba del asunto (Cercas fue uno de los que escribieron al respecto, además de autores como Claudio Magris o Mario Vargas Llosa); con todo, lo que sedujo al autor de Soldados de Salamina fue la posibilidad de develar los mecanismos de la mentira –que siempre se construye “con elementos de la verdad”– y por qué llega alguien a “fabricarse” un pasado para nutrir su narcisismo y saciar su hambre de atención.




Finalmente, si una de las conclusiones tras la lectura de esta novela puede ser que, en una medida u otra, somos todos impostores, la clave que determina la obra es cómo –refiere Javier Cercas en más de una ocasión–, “si la verdad mata, la ficción, salva”; lo que aplica tanto para el defenestrado Enric Marco como para el autor (porque, como en otros de sus libros, aparece él mismo en esta historia y da cuenta del proceso de su escritura), pues descubre en su personaje algo más que un referente o pretexto, una evidencia del poder de una certeza que nunca es del todo completa.




Ricardo Solís (Navojoa, Sonora, 1970). Realizó estudios de Derecho y Literaturas Hispánicas en la Universidad de Sonora. Ha colaborado en distintos medios locales y nacionales. Ganador de diferentes premios nacionales de poesía y autor de algunos poemarios. Fue reportero de la sección Cultura para La Jornada Jalisco y El Informador. Actualmente trabaja para el gobierno municipal de Zapopan.


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