Imágenes urbanas: Debajo de la mesa

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Por José Luis Barragán Martínez
José Luis Barragán
El pequeño Luis Miguel Pérez, “Luismi” para su mamá, se encontraba debajo de la mesa sentado en un pequeño bote, porque sólo había una silla y esa la ocupaba papá o mamá, los demás en lo que pudieran pero debía de ser rápido porque el café con Galletas Marías, de animalitos o lo que hubiera de cena se acababa y el que alcanzó, alcanzó.

Aquello noche, “Luismi” estaba atento mirando la infinidad de chicles secos pegados en las tablas por debajo de la mesa, había muchos y de variados colores: amarillos, rojos, verdes, blancos, azules y hasta morados, pero el que más había llamado su atención era uno de color negro, orgulloso lo despegó y cual trofeo lo levantó con su manita de siete años gritando “¡Uno negro, uno negro!”, por respuesta recibió de su padre un manotazo en la cabeza quien, atento a la televisión no perdía detalle de la Pati Chapoy, “¡Cállate, más negro que nuestra suerte no creo, cállate y deja escuchar lo de Melania, la del presidente gringo!”.




La hermanita de nueve años habló: “¡Oye amá! ¿Y por qué a mí no me pusieron Melania?” La respuesta fue inmediata “ay hija, si te llamas como tu nana, tan buena que es y tanto que te quiere”, “pues sí amá, pero como que a ella sí le queda llamarse Librada”. El niño más grande intervino “¡a mí me hubieran puesto Paparatzi!”.

La noche siguió en aquella casita de cartón de donde emanaba, hacia los cuatro puntos cardinales, el intenso olor de los frijoles que se cocían hora tras hora.

A la mañana siguiente, en silencio, todos recortaban cada quien con sus tijeras aquellas fotocopias. Cuando terminaron, el papá dio a cada uno su bonche de hojitas blancas al tiempo que daba indicaciones: “¡Y ya saben: Luismi al Transversal, Librada a Galerías y Vicente ahora te vas a la Rosales, su mamá y yo nos vamos a la junta de botes de cerveza, aquí nos vemos en la tarde!”




Tiempo después, en la parada del Multirutas por fuera del Hospital general, aquel señor con aspecto de maestro universitario leía muy concentrado en el periódico: “La humanidad ha creado muchas formas para gobernarse: Monarquía, república, aristocrática, talasocracia, timocracia, oligarquía, teocracia, monarquía constitucional, república democrática, socialismo, comunismo, y otros, pero ninguno de ellos ha logrado terminar con la desigualdad social, que unos pocos lo tengan todo y casi todos no tengan más que sus esperanzas”.

De pronto, una manita sucia apareció por un lado del periódico interrumpiendo su lectura, se trataba del pequeño Luismi que ofrecía a su lector aquel papelito con la imagen borrosa de la Virgen de Guadalupe en la parte derecha y en la izquierda un pequeño texto que con letra mayúscula decía:

LE PIDO UNA AYUDA PARA COMER, QUE DIOS SE LO PAGUE, GRACIAS.




*Por José Luis Barragán Martínez, colaborador


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