Basura celeste: Abrir la paleta de percepciones

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Por Ricardo Solís
Si algo puede decirse del libro Ensayos bonsái (Seix Barral, 2016), del escritor argentino Fabián Casas (Buenos Aires, 1965), es que no es aburrido, aunque esa no sería su única virtud; es asimismo un compendio diverso de textos en los que el autor parece reivindicar el ejercicio de la imaginación y el divertimento léxico por sobre las convenciones que limitan la escritura reflexiva, siempre bajo una perspectiva que desborda cualquier frontera para la curiosidad y no despega los pies del barrio en donde se ha crecido.

Conocido como poeta y narrador, Casas comparte con el lector no sólo sus opiniones en torno a la literatura y sus autores; a pesar de que nos hable de T. S. Eliot o Samuel Beckett, así como de los hermanos Lamborghini o Ricardo Zelarayán, también podemos apreciar su devoción por la película Rumble Fish –de Francis Ford Coppola– o su pasión futbolera por el club San Lorenzo, la memoria que rescata los personajes de su vecindario o la música que ha educado su sensibilidad (así se refiera a Charly García, Luis Alberto Spinetta, Los Redonditos de Ricota, Pink Floyd o Tom Waits).




En rigor, estos escritos tuvieron como destino inicial algunos suplementos literarios, revistas culturales y sitios web, pero en secuencia pueden tomarse como un relato que explora la diversidad estimulante que marcó los años de formación de un escritor; de este modo, puede aplicarse a su perspectiva resultante la explicación que brinda de su afición por un determinado equipo de futbol: “supongo que tiene que ver con mi barrio, con la gente junto a la que crecí, con la experiencia del mundo en esos primeros momentos cuando todo parece nuevo y prometedor”.

Ahí parece radicar la raíz de su magnética curiosidad, justo en el momento en que “todo parece nuevo y prometedor”, el instante en que se “descubre” a un artista a través de un acetato que llega a las manos por motivos insospechados, el libro otro que se conoce antes de llegar a imprenta o las peripecias que, durante una mudanza o en los separos de la policía, se viven al lado de aquellos poetas de la generación local anterior (aderezadas por el vino y el tabaco).




Pero, ante todo, no hay que olvidar que la impronta general parece ser la diversión que es capaz de contagiar Casas; si resulta notable la falta de solemnidad en estos ensayos (que no implica ausencia de rigor, claro), el lenguaje se permite giros y ocurrencias que amplían su significación, el neologismo campea como herramienta para el desplante irónico y un ingenio que no pocas veces despierta la más sonora y curativa carcajada.

Estos Ensayos bonsái de Fabián Casas consiguen, sin que lo notemos, evadir la pesadez que suele asociarse con el género ensayístico y volvernos cómplices, por afinidad, de una vida (la suya) que, como la de muchos de nosotros, determinó sus futuros desde la mesa familiar, las amistades de la infancia, el paisaje cercano del barrio y las canciones que supimos elegir o heredar. Casas no evita buscar la fidelidad para con lo que, nos dice, hacen los “escritores extraordinarios”, es decir, aquellos que consiguen “abrir la paleta de percepciones, no clausurar”.




 

Ricardo Solís (Navojoa, Sonora, 1970). Realizó estudios de Derecho y Literaturas Hispánicas en la Universidad de Sonora. Ha colaborado en distintos medios locales y nacionales. Ganador de diferentes premios nacionales de poesía y autor de algunos poemarios. Fue reportero de la sección Cultura para La Jornada Jalisco y El Informador. Actualmente trabaja para el gobierno municipal de Zapopan.


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