Basura celeste: Sondear y acercarse a la muerte

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Por Ricardo Solís
Un libro de ensayos como Reserva del vacío: Ensayo sobre la muerte como invención literaria (Taurus, 2015), de Maruan Soto Antaki, me resulta atractivo porque, al estilo de los textos que fundan este género literario, plantea desde el inicio sus premisas esenciales; en este caso, la principal es, nos dice, el hecho de que “construimos nuestra mortalidad y cada elemento que la rodea, con el rasgo que más nos distingue del resto de los animales, el lenguaje”, motivo por el cual, lo mismo que con el amor, la “idea” que nos permite enfrentar la muerte se hallará siempre “dentro de las trampas de la literatura”.

Esta conclusión inicial deja claro el sentido de la poderosa frase con que comienza el autor sus reflexiones pues, después de todo, “no es la muerte, es lo que hicimos de ella” y, gracias a eso es que se puede hablar en torno a su “dimensión literaria” y, asimismo, apoyarse en lo que sobre este fenómeno han dejado escrito importantes autores –como Borges, Sábato, Edgar Morin o Madame de Staël– o personajes de ficción, en especial dos que, en su opinión, “escogieron la muerte más libresca”: el narrador japonés Yukio Mishima y Jesús de Nazareth.




De esta forma, una de las cosas destacables de este (no tan) extenso ensayo es que no se preocupa por la “corrección política” cuando de plantear sus cuestionamientos se trata; advierte, claro, que el impulso para escribirlo partió de una mesa redonda que sobre el tema se realizó en una universidad (privada) mexicana, evento en el que tomó parte y enfrentó las más variadas preguntas y opiniones (que en su mayor parte no se apartaban de un sustrato religioso potente, en este caso, el catolicismo).

Puesto que su punto de vista es, ante todo, literario, no me sorprende que a pesar de que discute el suicidio como forma “última” de una muerte llevada al extremo de la planeación, se centre en Mishima (y no en Camus, por ejemplo), puesto que se trata de un escritor en el que se evidencia cómo otorga un “sentido práctico” al hecho de acabar con su propia vida (y del modo cómo lo hace, con toda su “espectacularidad” y las consecuencias que el hecho trajo a su legado como autor). Es un caso, en distinta medida y estrategia, similar al del mártir del Gólgota.




Soto Antaki, además, no deja de “acercar” su prosa con ejemplos que derivan de situaciones cotidianas y la entereza de admitir que “la interpretación de la muerte es cambiante, no sólo de acuerdo con la geografía sino con el momento histórico”, trátese de tiempos de guerra o de paz, porque la “narrativa” que se centra en el fin de la existencia (tal como la concebimos) es tan vasta y antigua como aquella que trata “sobre la vida”.

Con un título que deriva del conocido libro que sobre Mishima escribiera Marguerite Yourcenar, en Reserva del vacío el autor no se guarda de criticar desde “las tres religiones monoteístas más arraigadas en Occidente” (que condenan el suicidio), hasta el anhelo de “bien morir” que, en sus palabras, sería justo que alcanzáramos todos. Al final, “morimos y amamos” gracias a la literatura y en eso estriba que hablemos de estos asuntos a través de ella pues, insiste Soto Antaki, “es el mejor de nuestros instrumentos análogos para sondear y acercarnos a la muerte”.




 

Ricardo Solís (Navojoa, Sonora, 1970). Realizó estudios de Derecho y Literaturas Hispánicas en la Universidad de Sonora. Ha colaborado en distintos medios locales y nacionales. Ganador de diferentes premios nacionales de poesía y autor de algunos poemarios. Fue reportero de la sección Cultura para La Jornada Jalisco y El Informador. Actualmente trabaja para el gobierno municipal de Zapopan.


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