Basura celeste: Acerca de algunos libros importantes

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Por Ricardo Solís
Entre las muchas solicitudes de listados que se hacen a través de redes sociales, hay una en particular que tal vez todos hemos contestado o tratado de contestar, una que trata acerca de los libros (o películas) que “nos han transformado” o sido “significativos” por alguna razón cierta o probablemente verificable en la vida; en ese sentido, y me refiero a libros porque es lo que me interesa, por lo general se alude a los clásicos de la tradición literaria universal o la de nuestro idioma, pero eso no significa que una que otra obra local no pueda “colarse” en estas arbitrarias jerarquizaciones que varían –justo es decir– por muchos variados y volubles motivos.

Primero que nada, aunque la obra del poeta Abigael Bohórquez es fundamental para mí, no miro su obra en publicaciones separadas sino como un conjunto y, por eso, quedaría excluido de este conteo frugal; para que se entienda mejor la idea, lo primero que se me ocurre es recordar que hace más de dos décadas cayó en mis manos un pequeño plaquette de Miguel Ángel Avilés Castro que se titula Diles que acá estamos (Universidad de Sonora, 1990), una crónica ágil e ingeniosa sobre el barrio de El Esterito, en La Paz (BCS), y el paso del huracán Lisa (en 1976) por esa región, escrita por alguien a quien conocí en los pasillos de la Escuela de Derecho y de la cual aprendí mucho acerca de cómo conjuntar la amenidad con el sentido de lo social y la conciencia del estilo.




Lo que tiene de valioso Diles que acá estamos es que trasciende su carácter documental y consigue vincular las mejores virtudes de la ficción sin menosprecio de los hechos que sustentan la investigación periodística. Avilés Castro, felizmente, no ha abandonado la pluma y nos ha entregado otros textos posteriormente; en lo que yo insistiría es una reedición más de este pequeño libro que merece ser leído más allá del ámbito regional.

Otro de esos libros que merecen circular de nuevo y de mejor modo es, sin duda, Ciudad nocturna (Universidad de Sonora, 1988), de Luis Enrique García, todo un clásico para la literatura de Sonora que –con justa razón– sigue en la piel de los lectores de aquellos lares pero que, pienso, debería rebasar ese ámbito; de hecho, la primera edición fue un prodigio (casi manufacturado) del esfuerzo de Darío Galaviz, tal vez el primero en notar y buscar transmitir las virtudes de un volumen de cuentos capaz de conjuntar la familiaridad con la perturbación, de despertar y acendrar la voluntad rara de sus devotos iniciales para detectar un oficio narrativo decantado y cuyo sustento, lejos del aspaviento inútil, se halla en la sobria efectividad y el humor. Una verdadera joya a la que bien vendría la distribución nacional.




Uno más, ya entrados en gastos, sería Para que escampe (Universidad de Sonora, 1991), de Josefa Isabel Rojas, la reunión de poemas por medio de la cual conocí su trabajo y comencé a admirar su enorme capacidad sensitiva y su admirable proclividad a la imagen plástica que desemboca en lo sonoro con una potencia que se debate entre el desgarro y lo placentero; mucho debo a este libro que significara asimismo una ventana para el descubrimiento de otras voces femeninas en la poesía sonorense que sigo venerando (como Laura Delia Quintero o Inés Martínez de Castro).

Finalmente, en esta primera serie, destaco Tetabiate en el exilio (SEP/ DGP/ CREA, 1985), de Miguel Manríquez, texto que leí a principios de los noventa y que para mí sigue resonando como ejemplo de filiación al mito y cultivo de la marca telúrica local que, en verso, no puede sino brindar un ejemplo de riqueza evocativa muy importante, sobre todo si en aquella era y erial se tuvo la intención de escribir, alguna vez. Por supuesto que hay más, pero me detengo aquí para pensar en otros títulos e imaginar la posibilidad de dedicar una columna a cada uno… Sería interesante ¿o no?




 

Ricardo Solís (Navojoa, Sonora, 1970). Realizó estudios de Derecho y Literaturas Hispánicas en la Universidad de Sonora. Ha colaborado en distintos medios locales y nacionales. Ganador de diferentes premios nacionales de poesía y autor de algunos poemarios. Fue reportero de la sección Cultura para La Jornada Jalisco y El Informador. Actualmente trabaja para el gobierno municipal de Zapopan.


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