La Perinola: La incurable ignorancia

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Por Álex Ramírez-Arballo
Hace mucho tiempo que no escucho a nadie pronunciar estas dos sencillas palabras: “no sé”. Esto es lamentable porque lo que ignoramos es mucho, pero mucho más de lo que creemos saber; somos personas y nuestra capacidad de entendimiento es poca, por eso es que precisamos de los libros, los maestros y, sobre todo, el diálogo con los demás, con los que formamos, entre todos, una tradición. Todo esto me hace pensar que somos una generación de soberbios, tal vez porque — se me ocurre a modo de hipótesis — la gratuidad y facilidad de expresar algo y alcanzar potencialmente a muchas personas nunca había sido tan amplia.

Esta cultura de redes de información genera, como un despreciable efecto secundario, una subcultura de oídas, una suerte de compendio de lugares comunes que se desplazan a la velocidad de la luz y que son como cápsulas de rápida digestión; un ejemplo de esto es el meme, pero también el encabezado de una nota que no leerá nadie y que, en muchas ocasiones, incluso la contradice. Estamos subyugados por la luz que sale de las pantallas y por la rapidez con que transitan delante de nuestras narices los estímulos.




En este contexto es que la crítica ha dejado de ser importante para casi todos. La crítica necesita tiempo y esfuerzo, sutileza, paciencia y, por encima de cualquier cosa, humildad; pertrechados, pues, con esa munición de lugares comunes y frivolidades es que salimos a jugar a las ¨guerritas¨ en las redes sociales buscando auto satisfacernos, queriendo crear una imagen de nosotros mismos, esculpiendo una selfie de humo para que los demás nos vean a la altura de un saber ilusorio y, sobre todo, barato. Todo esto no sería más que una anécdota si no fuera porque esta “escuela” de la puerilidad y el despiste determina la manera en que las personas construyen sus vidas e interpretan la sociedad en que viven. Las funestas consecuencias de la ignorancia trascienden los límites individuales de quien la padece y nos afectan a todos.

Nuestra ignorancia es incurable, es verdad, pero a mí me parece que nunca se dignifica tanto una persona como cuando lo reconoce y, sobre todo, cuando en virtud del natural deseo de conocimiento que tenemos los seres humanos, pone manos a la obra para curar, aunque sea un poco, esa ceguera con la que todos hemos nacido.

Practiquemos reconocer públicamente nuestra ignorancia. Estoy seguro que es siempre un acto de liberación, de prudencia y de higiene social.




 

Álex Ramírez-Arballo. Doctor en literaturas hispánicas. Profesor de lengua y literatura en la Penn State University. Escritor, mentor y conferenciante. Amante del documental y de todas las formas de la no ficción. Blogger, vlogger y podcaster. www.alexramirezblog.com


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